Yendo a la fría Europa III – Kakslauttanen (2025)
El sábado nos levantamos a las 6, desayunamos a las 7, y cerca de las 8 ya estábamos en la SBB tomando el 50 rumbo a Mulhouse. Checkin de las valijas, espera en el VIP, vámonos a volar a Frankfurt, de ahí a Ivalo, y ahí nos lleva una van a Kakslauttanen, en donde nos vamos a hospedar en iglúes de vidrio, en la expectativa de tener suerte y ver la aurora boreal. No va a ser fácil, estamos acompañando el pronóstico, y no es muy positivo. Por otra parte, el pronóstico de auroras boreales es por ahora más alquimia que ciencia. Veremos.
Por otra parte, los vuelos están complicados. La conexión en Frankfurt es de solo una hora, y el vuelo Basel – Frankfurt atrasa 25 min. Por otra parte, el vuelo Frankfurt – Ivalo es en un Airbus 320neo, y todos los aviones de la familia Airbus 320 están con un problema de software por lo que no despegan si no se hace un upgrade. Quién sabe, ese vuelo atrasa también. Veremos.
Y las cosas no salieron muy bien… un vuelo de una hora, de Basel a Frankfurt, atrasó una hora y 10 minutos. Con eso perdimos las dos únicas posibilidades de llegar a Ivalo hoy, la directa, y la que va por Helsinki. En Lufthansa el servicio de apoyo fue muy flojo, y al final saldremos hoy a las 10 de la noche para Helsinki, llegamos pasada la una de la mañana, y conectamos a Ivalo con un vuelo que despega a alrededor de las 7 de la mañana del domingo. Lufthansa solo se haría cargo del hotel de Helsinki, que lo pagamos nosotros y nos lo reembolsarían. Y la noche de Kakslauttanen, que cuesta como 6 veces más… se pierde… En fin.
Nos vamos al lounge a organizarnos. Reservamos el Hilton en el aeropuerto de Helsinki, para al menos tener una cama para dormir un poco, y una ducha antes de salir.
Y dedicamos un rato a avisar a Kakslauttanen que llegamos mañana. Lamentablemente, no llegan a postergar la excursión, así que cuando lleguemos saldremos corriendo a la excursión.
Hechos los cambios, almorzamos y nos vamos a dormir la siesta en los sofás del cuarto de descanso que hay en el VIP, que lucen just OK, pero ayudan a una siesta de casi dos horas. Y así va pasando el tiempo, a las 6 salimos a caminar por el aeropuerto. Damos vueltas, gastamos en una panadería los EUR 15 cada uno que nos dieron, comprando Stohlen y galletas de navidad, ilusionamos vendedores, y nos volvemos al VIP a cenar. Nos queda todavía arreglar el transporte de Ivalo a Kakslauttanen, tratamos de hacerlo vía el hotel, y no aceptan que habíamos avisado una hora antes de que no llegarían, nos cobran el taxi de hoy de todas formas. Mañana veremos cómo conseguimos un taxi, por ahora lo dejamos así. Vemos un rato más de Netflix, y vamos al Gate, que está como a 15 min del VIP que estamos, que no era el más cercano, pero era el más tranquilo.
Embarque normal, vuelo normal, aterrizamos en Helsinki, con el cambio de horario ya son 1:30 AM. Al Hilton son unos 300 m, a las 2AM ya estamos durmiendo.
Y a las 5AM nos levantamos, y nos duchamos, una buena ducha para comenzar el día después de una noche corta. Volvemos al aeropuerto caminando, para la región hasta que hace calor, 6°C. Pasamos por seguridad, cafecito en uno de los cafés del aeropuerto, y embarcamos en un vuelo lleno a medias, al punto que cambiamos por salida de emergencia sin problemas.
Despegamos 6:45, y debíamos aterrizar 8:35 en Ivalo. Antes de salir, alcanzo a reservar un Uber que nos lleve a Kakslauttanen.
Y, después de un vuelo de casi dos horas y faltando 10 min para aterrizar, el piloto avisa que nos vamos a quedar 20 min sobrevolando porque la pista estaba congelada y había fuertes vientos cruzados. Y al rato avisa que las condiciones no mejoraron, volvemos a Helsinki. Parece que Kakslauttanen no nos quiere…. Encima, el avión no tiene conexión a internet, con lo que no llego a cancelar el Uber, segundo taxi que pagamos y no llegamos a usar. Al momento, ya acumulamos una noche paga en Kakslauttanen y dos taxis sin usar, más el hotel en Helsinki, que esperamos que Lufthansa nos reintegre. Igual, el segundo taxi tuvo solo un cargo de cancelación de EUR 28, es mucha mejor opción marcar un Uber que marcar con el hotel, que no se hace responsable de nada aunque reserves con la compañía indicada por ellos.
Al volver a Helsinki tenemos que esperar a que nos asignen a un nuevo vuelo. Más o menos a la hora, nos dicen que despegaríamos 19 horas… Yo estaba en el baño, An sale a reclamar, y consigue que nos asignen al vuelo de 10:50, en asientos bien atrás, yo en 27D, An en 36C, última fila. Embarcamos, se anuncia un atraso de 20 min por un tema de reparaciones, y a eso se le suman 20 min más de atraso.. despegamos 11:28. Y ahora si, llegamos a Ivalo a la 1PM, un viaje que iba a ser dos vuelos y unas 10 horas (BSL – FRA – IVA), y terminó siendo 4 vuelos y 20 horas (BSL – FRA – HEL – HEL – IVA). Y, después de 2 taxis pagos y nos usados, esta vez no reservamos taxi.
Aeropuerto chiquito, sin mangas, caminamos por la pista helada hasta el terminal. Hasta que desembarcamos, llegaron las valijas y conseguimos taxi, salimos a Kakslauttanen a las 2PM. Como dato, la van del hotel cobra a EUR 100 por los dos, en van compartida. Uber pré agendado a EUR 90, y llegó, aunque no lo pudimos usar, estábamos en el aire. Pedir Uber en el momento no funciona a, tardaría más de media hora y el aplicativo ni lo tomaba. Y salir a hablar con los taxistas resultó ser la mejor opción: una van grande, solo para nosotros, saliendo en el momento, costó exactos EUR 100 medido por el taxímetro, y pagado con tarjeta de crédito. Vale registrar el dato de contacto, info@ivalotaxiservice.fi, la vuelta la marcamos con ellos, y la respuesta por e-mail fue rápida.
Y así llegamos a Kakslauttanen Arctic Resort West Village, el sector de este complejo que tiene los iglús. Nos registramos en la recepción, nos dan una larga lista de instrucciones, incluyendo que no tienen mas alarma por aurora boreal, hay que usar un app. Y entendiendo cómo funcionan esas predicciones, la predicción de una aurora boreal es mucho menos confiable que la del tiempo, y un poco más confiable que la de los terremotos.
En un trineo llevamos nuestras valijas a nuestro iglú 26. A la entrada del iglú está el sauna a la derecha y la ducha a la izquierda, después se pasa por una especie de pasillo con techo bajo cilindro, bien como es la entrada de un iglú, y se entra al dormitorio, que tiene por techo el iglú de vidrio, con una vista de prácticamente 360 grados. Simple, y adecuado al entorno de la naturaleza.
Ya son las 3PM, organizamos valijas, hacemos video con Sergio, Romi y Sophie que están en Juramento, y nos quedamos un rato mas, mientras An intenta cambiar los pasajes para Helsinki del miércoles al jueves, a ver si nos quedamos un día mas.
Salimos a caminar en la oscuridad (oscureció 3PM), y después vamos a cenar, marcamos 6PM. Con la oscuridad, la noche corta de anoche, y el cansancio de la correría, mejor ir a dormir temprano. La cena fue simple, un mouse de un pescado local de entrada, un plato con puré y carne de ciervo que fue just OK, y una muy triste bola de helado de chocolate. An comió sopa de tomate, el mismo plato de ciervo, y unas blackberries. Durante la cena instalamos y vimos cómo usar el Northern Lights Alert, que usa imágenes en tiempo real y funciona mejor que alternativas que vimos. El asunto es que te entre la alarma de este app, mientras el resto de los apps no emiten alertas despertándote, así que implementamos el Do Not Disturbe. Y, cosas del destino, estábamos todavía en el plato principal ¡cuando suena la alarma del App! Salimos a ver la aurora, mientras en las otras mesas empezaba una batahola, estábamos acompañados como por unos 30 malayos, y era un grupo bastante bullicioso. Salimos todos, la aurora se veía muy bien, aun cuando era de una intensidad suave. Nosotros observamos la aurora en forma discreta, los malayos estaban a los gritos, saltos, en fin, propio de grupo grande.
Lo interesante es que la aurora, espectacular como es, sale más espectacular en las fotos. Algunos fenómenos, como las cataratas, no tienen como ser fotografiados de forma de que transmitan su espectacularidad, al vivo son siempre mas impresionantes. En la aurora, es al revés: con el modo nocturno y una sensibilidad ISO alta, las fotos salen aun más espectaculares que la aurora misma.
Después usamos un rato el sauna del cuarto, saliendo para refrescarse al aire libre, con -8°C. Estuvo bueno!
Y cayendo a dormir a eso de las 9:30.
A las 3 suena la alarma de aurora! Pero yo estaba muy dormido, apagué la alarma, puse modo avión, recuerdo haber dicho “necesito dormir”… ¡y dormí!
Dormí hasta el lunes a las 7AM, de corrido y profundamente. Nos quedamos en la cama entre dormidos, con los ojos cerrados, o mirando un poco el cielo. A eso de las 9 empieza a amanecer, y vamos notando un fenómeno… el tiempo entre la salida y la puesta del sol es muy corto, en estos días es menos de una hora y media, pero el proceso de amanecer y atardecer, desde que empieza a clarear hasta que oscurece, es mucho mas lento. Como el sol sube poco, de hecho el tiempo desde que empieza a salir hasta que termina de salir es también menos. O sea, a las 8:30 ya empieza a estar claro (a comienzos de diciembre), se puede caminar viendo perfectamente el camino (aun cuando nosotros todavía estábamos juntando ganas para levantarnos).
An se baña, y me gasta el agua caliente del termotanque; es un termotanque por iglú, y no muy grande. Con agua ya tibia, me baño rápido, y empezamos a vestirnos. Un montón de ropa, afuera hay -9•C. Caminamos los 200 m hasta el restaurante, desayuno buffet OK. Nos ponemos al día con los WhatsApp, incluso de la quebradura de costilla de Diego. Son las 10:30, ya está muy claro, pero el sol recién va a salir a las 11:00. Y casualmente, la temperatura externa es de -11°C.
Me voy al iglú a ponerme toda la ropa adicional, y en la recepción nos encontramos con el guía en la recepción. El guía Antonio es español, y en nuestro grupo somos una pareja de Mumbai, y nosotros.
Caminamos unos 400 m hasta el lugar en el que nos dan la ropa adicional. Un buen momento para describir la ropa que uso en estos días:
- Claro, un calzoncillo.
- Y un calzoncillo largo
- Arriba, un pantalón de felpa que me compré en este viaje en el Ochsner, de los que va a usar el equipo suizo en las olimpiadas de invierno 2026.
- Y un pantalón de esquiar
- Medias gruesas que tengo hace muchos años, de la época de Chile
- Una remera
- Una remera de manga larga Salomón que era de Pá
- Un pulóver grueso
- La campera naranja
- Un cuello bien abrigado que es de An
- La bufanda roja y negra
- Un gorro gris
- Un gorro con orejeras
- Unos guantes medianos
- Unos guantes bien gruesos arriba de los medianos
- Arriba de toda esa ropa, me pongo un mameluco térmico que nos dan para la actividad, bien grueso
- Unas botas que compré hace años en Berlín, y que para esta actividad nos la cambian por otras botas que parecen botas de lluvia, más gruesas y con una felpa por dentro, para hacerlas más calentitas. Vale mencionar que para nuestras botas habíamos comprado un accesorio que tiene una especie de clavos finitos, para no patinarse, y que fueron bastante útiles.
O sea, solo sacarse y ponerse ropa lleva un montón de tiempo…
De ahí caminamos unos 300 m a donde tienen los perros, nos esperan con 2 trineos, de 5 perros cada uno. Salimos, el paseo es de unos 7 km y toma una hora, sigue un circuito predefinido, y los perros se lo saben de memoria, ¡en cuanto dejas de pisar el freno ya salen corriendo! De hecho, cada tanto hay que frenarlos porque viene una curva o se acercan mucho al trineo de adelante. Y parece que eso le pasó a la pareja de adelante… no lo vimos bien porque estábamos un poco lejos, parece que la india salió volando del trineo en una curva, sin consecuencias. Muy lindo paseo, vale mucho la pena hacerlo, aunque se te congelas los 20 dedos…
Volvemos, nos ofrecen un jugo caliente y unas galletas en un tipi, alrededor del fuego, y después vamos a darle de comer a unos perros.
Volvemos al cuarto a descansar, van pasando de las 3, oscurece… La máxima de hoy llegó a -5°C, la mínima va a ser de -22°C.
Después de un descanso, salimos a caminar hasta el centro de diseño y artes, un shopping chiquito dentro del complejo. Queda a como 1 km, caminata larga con el frío. Nos costó encontrar la entrada, llegamos poco antes de que cierren a las 5PM, y vimos que valdría la pena volver.
Vamos hacia la recepción, descansamos un rato en el lobby, y adelantamos la cena para 6:30PM. Comida normal, y es un buen momento para evaluar la cocina del local: arañando un 7, no es un punto fuerte de un lugar relativamente caro como este. Comida bastante normal, sin destaques, ni en la cena ni en el desayuno. Se ve que tienen claro que sus fortalezas son el paisaje, la aurora boreal, y los iglús.
Volviendo al cuarto repetimos la misma experiencia de sauna y aire libre de ayer, hoy con -11°C. Doce minutos de sauna a 85°C permiten estar tranqui unos 3-4 minutos al aire libre, sin llegar a sentir el frío. La puerta del iglú se cierra automáticamente, ¡hay que cuidarse de trabarla para no quedar afuera! Mientras nos acostamos, tenemos una primer aurora boreal a las 9:20, nos quedamos mirando como 20 minutos, hasta que se fue. Un poco de Netflix, a dormir 10:30.
Y ya estaba dormido cuando suena la primer alarma de aurora boreal a la 1AM, que se ve bastante nítida, siempre desde la cama. Me duermo de vuelta. Y al rato de vuelta, 1:30AM. Y otra vez a las 3AM. Todo muy lindo, que bueno que lo vemos desde la cama, pero ¡así no se puede dormir! Decido apagar la alarma por auroras boreales, dormimos hasta las 8:30.
Y así llegamos al martes, hasta que nos levantamos, me baño, nos vestimos, llegamos a desayunar a las 10. Nos quedamos un buen rato en el restaurante, tengo que trabajar en un par de urgencias. Pasadas las 11:30 salimos a caminar a recorrer la casa de Papá Noel (desde afuera, cobran por entrar), un portón impresionante que hay en el camino, el pesebre, y llegamos al centro de artes y diseño, parte de un complejo construido desde 2018, con el tamaño que tiene, e imagino las dificultades de construir en la nieve, debe haber tomado 3 años en ser construido. Pese a que nos habían dicho que el centro estaría abierto de 9 a 5, ¡aún estaba cerrado! Junto a nosotros, había una pareja australiana, y nos encontramos con Essi Korva, que nos contaba que era artista y que estaba haciendo unos trabajos en el local, y que consiguió abrir y prender las luces. Entramos, recorrimos el local, y nos enganchamos con Essi para que nos muestre su trabajo, que había sido la pintura en el túnel que conecta el centro de arte con el restaurante, un pasillo de unos 40 m con pinturas de la región conectadas con el sistema solar. Nos cuenta también que ella había hecho la escultura de cuernos de reno en el exterior del centro, y la del árbol trepando por el exterior de la torre-iglú, ambas cosas, parte de este nuevo complejo.
Después de pasear un rato, vamos por el túnel a la cervecería y restaurante. La cervecería es chiquita y súper moderna, hasta encontré un transmisor hidrostático de Endress. El restaurante es enorme, debe ser para unas 300 personas, con diversos salones. El complejo incluye también un planetario, en total, unos 4.700 m2. Muchísima decoración y arte, es una inversión enorme, junto con ChatGPT la estimamos entre EUR 15 y 20 millones. Realmente, el dueño de todo esto es muy audaz, ¡no parece fácil recuperar esta inversión! Nos enteramos de que el dueño empezó hace 50 años con una cabaña, y desde entonces reinvierte todas las ganancias, en un complejo que ya es muy grande. También parece ser una persona controvertida, con una condena de 1 año en suspenso, por delitos ambientales, ya que enterró ilegalmente 300 toneladas de material de construcción.
En la cervecería nos encontramos con los australianos. Pensábamos almorzar, pero solo tienen algunas tortas y dulces, An se toma una cerveza, yo me como un mousse de chocolate y me tomo una coca. Charlamos con el bar tender y los australianos, él trabaja de analista financiero en Rio Tinto, ella tiene una startup.
Volvemos al centro de arte, compramos un husky con bebito husky para Sophie y un Papá Noel para Pá. An se da cuenta que perdió un guante, recorremos de vuelta todo el local, hasta el restaurante, lo que toma un tiempo; el guante no aparece. Y nos volvemos al cuarto, a descansar un rato, dormí una siesta corta. A las 6 cenamos, y a las 7:30 vamos a hacer el paseo en trineo tirado por renos, éramos 3 parejas. Afuera hay -22°C según la guía, como ayer con los husky, te dan un enterito adicional muy abrigado, y uso los guantes y gorro de ellos, que son bien abrigados. Paseo lindo y tranquilo, a la luz de una nube ofuscada por nubes, a mitad de camino paramos en un tipi, nos dan de tomar un jugo caliente local, y nos cuentas de la historia de los renos en Finlandia. Y seguimos el recorrido, en total unos 3 km en cerca de una hora y media. Está bien, creo que son los dos paseos que hay que hacer si se viene hasta acá: renos y huskies, talvez en ese orden, distinto de lo que hicimos nosotros.
A dormir, se van haciendo las 11.
El miércoles amanece muy nevado y más ameno, -7°C. El paisaje quedó más lindo aún. Vamos a desayunar cerca de las 10, nos quedamos un rato en el restaurante leyendo, marcando el taxi de mañana, haciendo checkin del vuelo, etc. Volvemos al cuarto a preparar las valijas para mañana, y después volvemos al centro de arte, para recuperar el guante que perdió An acá ayer, mirar un poco más la exhibición de arte y las artesanías, y almorzar allá. Hicimos el camino largo, con lindos paisajes, esculturas en madera en distintas partes del bosque, y unas curiosas siluetas humanas hechas en madera y pintadas de azul, entre los árboles. Llegamos a la recepción, confirman que habían encontrado el guante, y lo habían mandado a al recepción del hotel, lo recuperaremos después. Ya son como las 2PM, hora de almorzar, nos fuimos al bar de la cervecería, está el bar tender de ayer. Se llama Tommy, charlamos un rato, y le explico de nuestra intención de almorzar ahí. Me mira con cara de “te dije ayer que no tenemos menú de almuerzo”, ahí le explico que habíamos llevado sobrecitos de sopa, y que solo necesitábamos agua caliente. Todo OK, así que almorzamos nuestras sopas, le compramos coca zero y cerveza, de postre un Apple Crumble y una mini torta de chocolate con forma de domo, y charlamos bastante. En el bar de la cervecería, las dos veces, fueron los únicos momentos de la estadía en que no nos sentimos parte de una multitud, volveremos sobre el tema en un par de párrafos. Tommy nos cuenta de la cervecería, de cómo en su familia hacían cerveza, licores y queso, de cómo en Kakslauttanen también hacen gin y vodka, y muchas otras cosas. Y charlando el contamos del guante perdido, nos cuenta que lo había encontrado él, al lado de una escultura de Essi Korva que hay en la cervecería, casualidades.
Volvemos al cuarto a dormir una siestita, en la expectativa de que, hoy si, tendremos una brillante aurora boreal, es lo que el pronóstico dice, así que mejor estar bien dormidos para una noche corta. Y después nos vamos a cenar.
A la vuelta de la cena hacemos nuestros ejercicios, en mi caso suspendo los que involucren la rodilla. Pisando mal en la nieve suelta, la rodilla derecha se resintió un tanto, y duele un poco. Y usamos un buen rato el sauna. Todo el tiempo en la expectativa de que suene la alarma de aurora boreal…
Miramos un rato Netflix, seguimos en la expectativa de que suene la alarma…
Y dormimos toda la noche… y nada. Al final, las dos primeras noches, con baja probabilidad de aurora boreal, tuvimos aurora boreal. Y las noches siguientes, con alta probabilidad, no tuvimos nada. Como dicho, la predicción de auroras boreales está en la categoría de la predicción de terremotos.
Y así nos levantamos el jueves a las 6AM, cerramos valijas, las llevamos en el trineo hasta la recepción, y las dejamos afuera mientras hacemos checkout. En la recepción nos preguntan cómo había sido nuestra estadía, y ahora es un buen momento para escribir lo que comentamos.
Llegamos a Kakslauttanen por los iglús de vidrio, que nos habían creado la impresión de un glamping, y de hecho, los iglús están muy buenos, y encajan en la expectativa de un glamping (excepto que podrían estar más distanciados entre ellos). Eso, junto al precio por noche, nos creó la impresión de un lugar con bastante atención personalizada. No es el caso… Kakslauttanen está diseñado para turismo en grupos organizados por agencias, con muchas personas llegando juntas, quedándose poco tiempo, organizadas con un guía. Definitivamente no está diseñado para parejas viajando en forma independiente en busca de una experiencia más personalizada, en contraste con los que compran un paquete en una agencia de turismo). Y las cosas que no nos gustaron se explican con esa descripción, en orden de menos a más controvertido:
- El menú se repite cada 3 días. Nos quedamos 4 días, el primer día ya sabíamos de nuestras opciones del cuarto día.
- Y es un menú flojito, sin nada destacado, muy, pero muy normal. No es mala comida, alimenta el cuerpo, pero no crea experiencias.
- El cuarto es hecho una vez cada algunos días. En nuestro caso el cuarto estaba hecho cuando llegamos el domingo, y lo hicieron de vuelta el lunes, pero no el martes ni el miércoles, incluyendo que para el miércoles pedimos que hagan el cuarto.
- Por el problema del vuelo llegamos el domingo y no el sábado, decidimos extender la estadía un día más. Uno esperaría ir a la recepción, como máximo pasar la tarjeta de crédito en forma anticipada, y listo. No es así como funciona… hay que entrar al site, comprar ahí la noche adicional, y después de eso avisar a la recepción para que junten las dos estadías.
- Lo más controvertido: les habíamos comprado vía el site de Kakslauttanen el transfer de llegada. Cuando, por el problema de conexión en Frankfurt, avisamos con 90 min de anticipación que no llegaríamos, nos explicaron que ellos no podían hacer nada, que teníamos que hacer todo vía el site del proveedor, y que la política de cancelación requería de 2 días de anticipación Al final, perdimos ese dinero.
- Y tampoco nos ayudaron a reservar el transfer para el domingo desde el aeropuerto a Kakslauttanen, asunto nuestro.
- Lo más impactante dese asunto, recibimos después un mensaje agradeciendo por usar ese servicio, lo que hace toda la situación irónica e insultante.
De alguna forma, deberíamos haber visto una señal de alarma: más de 200 cuartos, entre cabañas e iglús. Atender tours es una cosa, y supongo que lo harán bien. Atender parejas en viajes organizados en forma independiente es otra cosa, y eso lo hacen mal.
Volviendo al viaje, llega el taxi que contratamos, y vamos al aeropuerto. Sin novedad, embarcamos rumbo a Helsinki.