Aunque al principio era apenas “’el marido de Andrea “, Carlos fue tomando una importancia cada vez mayor en nuestra familia. El crecimiento fue gradual, a dosis homeopáticas. El resultado, permanente. Lo notamos cuando vimos en qué medida sus ideas espantosamente lógicas habían moldeado el fértil cerebro de nuestras inocentes hijas.
El comienzo pasó desapercibido. En términos generales su visión del mundo coincidía no apenas con el espíritu previo sino con lo que comúnmente se llama las condiciones de vida de nuestro grupo familiar. Algunos ejemplos. Los Behrends cambiaron el auto y el nuevo vehículo, reluciente en la cochera del Jacarandá, inspiró a Miguel a pasar por la concesionaria. Los Behrends compraron un Ipad y semanas después, Carolina exigía de sus padres más tecnología y Florencia declaraba su amor por los aplicativos. Carlos, en su alegato de inocencia, podría decir que es en ese sentido que va el mundo y habría que aceptarlo. Pero hay más.
Roxana no podría atribuirle a su amigo Carlos la responsabilidad exclusiva de su ateísmo recalcitrante pero un libro que el Sr. Behrends le prestó – llamado directamente Dios es un delirio – terminó de dorar lo que en su mente llevaba décadas cocinándose. En otros tiempos, ambos perecerían en la misma hoguera. En un aspecto más concreto, si bien no podría decirse que Carlos le dio la idea de que una bióloga y periodista podía escribir ciencia ficción, él fue sin duda el lector modelo que desde la primera página la incipiente escritora se puso en la cabeza.
La gran evidencia de la influencia de Carlos en la familia Zweig surgió sin embargo en otro terreno la noche en la que, mostrando una rebeldía inédita, Carolina y Florencia se negaron a comer fruta. Fue una noche de asado en Juquehy. Mientras Miguel perdía calorías avivando el fuego con un ejemplar viejo de Veja, y las mujeres en la cocina preparaban la ensalada, el tío Carlos sentado en el balcón les daba clases de química biológica a las dos criaturas. Concretamente les enseñaba que los frutos comestibles que por sus propiedades nutritivas, suelen utilizarse en estado fresco como postre, eran equivalentes a ese otro alimento mucho más tentador que se obtiene mezclando el producto refinado de la caña de azúcar con los derivados de la manipulación de las semillas del cacao. Durante la cena, entre el queijo coalho y los chorizos, la verdad tergiversada se asentó. A la hora de la fraldinha, la complicidad de Miguel, chocólatra asumido, y de Andrea, demasiado enamorada como para contradecir a su marido, hizo el resto. Cuando se abrió el pote de helado La Basque – mientras la frutera rebosante pedía auxilio – Roxana lo comprendió. La larga batalla por la salud nutricional estaba finalmente perdida.
El resto es historia conocida. Las papas fritas son vegetales por donde se las mire, la Coca Cola no tiene colesterol, etc. etc. etc. Querido Carlos, ahora es un hecho, te llevamos en la sangre. Según revela indiscretamente nuestro último análisis de lípidos sanguíneos, llegaste a nuestra familia para quedarte. Bienvenido.
por Roxana Tabakman