Yendo a la fría Europa IV – Helsinki (2025)

Y el avión salió en tiempo, y lleno en un 10%, había mucho lugar. Llegamos sin problemas a Helsinki, nos tomamos un Uber con destino al hotel. Como corresponde a un viaje que empezó en un hospital, terminamos en una prisión. O, mejor dicho, empezamos en un hospital convertido en hotel, y terminamos en una prisión convertida en hotel, el Home Hotel, localizado en el barrio de Katajanokka. Son 40 min desde el aeropuerto, tranqui, en un Tesla. 

El Home Hotel Katajanokka fue inaugurado en 2007, y renovado en 2017, en un edificio de 170 años de antigüedad, en una isla separada por la ciudad por un canal de pocos metros de ancho, y suelo muy rocoso. En la segunda guerra mundial el edificio fue bombardeado, reconstruido y modernizado, todavía como prisión. La prisión fue definitivamente cerrada en 2002, dando paso al hotel. Llegamos al hotel al mediodía, nuestro cuarto no está listo, por lo que dejamos las valijas, y salimos a pasear. Armamos con ChatGPT un recorrido, comenzamos pasando delante de la catedral de Uspenski. De ahí seguimos a la Esplanada, paramos a almorzar en Kappeli, un muy lindo restaurante antiguo en la Esplanada. Tiene un sector de restaurante en el que hay que tener cerveza, y un sector de comida más rápida, sin reserva. Vamos a este segundo, comemos una sopa de salmón y un sándwich que llaman de pretzel con brie e higos, aunque el pretzel en nada se parece al pretzel alemán. 

Seguimos recorriendo los locales de la Esplanada de los dos lados de la avenida, pasando por varios locales, incluyendo el Flagship Store de Littalia, con cristalería y otros temas de decoración. Seguimos por la avenida en diagonal hacia la casa del Parlamento, y llegamos a la biblioteca pública Oodi, impresionante edificio con muchas curvas, madera, vidrio. Entramos, subimos al 3er piso, mucha gente leyendo. Pasamos por los demás pisos, y vimos muchas otras opciones, desde salas para jugar Xbox o PlayStation, impresión 3D, impresión en tejido, costura, música, y muchas otras opciones no convencionales para una biblioteca. Bien interesante, vale dedicarle un tiempo. Y los alrededores de la biblioteca son también interesantes, con varias esculturas y edificios de arquitectura interesante. En el camino pasamos por un par de supermercados, An quería comprar algunas cosas. Y llegamos a la plaza del Senado, que tiene una feria de Navidad. Con menos onda que las alemanas, menos decoración, gügli (que es como el Glüwein) servido en vasos de papel, algo que nunca ocurrirá en Suiza o Alemania. Habían anunciado jazz al vivo, en realidad era un DJ pasando discos de jazz al vivo. Decidimos pasar por el mercado de pescadores, el Market Square, con algunas similitudes al de Boston, excepto que es un tercio del tamaño del Quincy Market. Y volvemos al hotel, tomando posesión de nuestro cuarto, que ahora estaba listo. El cuarto es amplio, y tiene el equivalente a 3 celdas originales, dos para el cuarto, y una para el baño, se puede distinguir por las arcadas y los espacios en los que estaban las 3 puertas originales. A descansar y separar la ropa para estos días. 

Cenamos en el mismo hotel, en el subsuelo. Cena simples pero bastante bien. Interesante, este hotel incluye desayuno, merienda y cena incluidos en la tarifa, y si te quedás a almorzar, ese si es pago.

A dormir!

El viernes nos levantamos a las 7AM, y salimos a correr, bajo una leve garúa. An hizo 2 k y se volvió, yo seguí hacia el sur y después hacia el oeste, hasta más allá del Café Carousel, y volví, 10k. La temperatura es de 4°C, con abrigo adecuado, está ameno. 

Volvemos y desayunamos en el hotel, que está también OK. Value for money, este hotel está bastante bien. 

Y salimos a pasear por la ciudad. Comenzamos yendo por atrás de la catedral cercana, cruzamos por el puente de los candados, y seguimos por Aleksanterinkatu, en donde vamos viendo algunas ideas de algunas compras. Seguimos por Mannerheimintie, un camino que ya habíamos hecho ayer, seguimos entrando por algunos negocios. Desde ahí seguimos por algunas calles internas rumbo a Temppeliaukio, una iglesia dentro de una pequeña colina en la ciudad. Solo podemos verla por fuera, abre más tarde, si algún día volvemos por Helsinki, valdrá visitarla. Seguimos a Hietaniemen hautausma, uno de los cementerios locales, bastante curioso los distintos tipos de tumba, desde las más tradicionales como las que vemos en Recoleta, hasta simples columnas con los nombres de muchas personas, que no tienen tumba pero son recordados ahí. Vemos también el homenaje a Mannerheimin, el mayor héroe finlandés. 

Seguimos rumbo a un monumento de homenaje a Sibelius, en el camino paramos en Café Regatta, un pequeño y simpático café en la costa, muy concurrido, en donde almorzamos una tarta de reno que estuvo OK, y de postre un cinnamon roll y un croissant de almendras, bastante bien. Y ahora sí, con energías reforzadas, vamos a visitar el monumento a Sibelius. Es una curiosa estructura de tubos de acero decorados con figuras hechas con soldadura con electrodo, bastante abstracta, tanto que fue criticada, y terminaron agregando una especie de busto de Sibelius, para completar el homenaje. 

Volvemos rumbo al hotel, pero con varias escalas de compras, como el supermercado Tokmanni (After Eight a 2 por 1), otro negocio en donde compramos el calzador para Pá y unas velas, la Kamp Gallerie (rompecabezas fluorescentes para Sophie, Oli y Vicki) y Alpa (regalos para Cyn y Ser). Alpa es un lugar curioso, ropa hecha por finlandeses con alpaca peruana, que luce muy bien. 

Y con ese camino vamos llegando al hotel, pasadas las 4. Hasta ahora caminamos 15 k, An suma 5 k de su corrida, yo agrego 10 de la mía. 

Vamos al resto del hotel a la Fika gratis, que es la merienda cortesía, con café, chocolate, te, y torta, llegamos a tiempo para capturar una torta tipo brownie.

Volvemos al cuarto a descansar un rato. A las 7 tenemos cena marcada en Gillet, decidimos no cenar en el hotel para hacer una despedida más acorde al viaje. Y no fue fácil encontramos un resto, para las reserves todos los que me parecían interesantes no tenían mesa. Pero este parece bien. Yendo hacia el resto, pasamos por la Esplanada, toda iluminada para Navidad.

El restaurante, a media cuadra del Esplanada, tiene una arquitectura bien curiosa, usando un patio interno de una casa, cubierto con una estructura moderna y de cómo 8 m de alto, bastante bueno. Comida y tragos bien también, a la altura, valió la pena cerrar así este viaje. 

Volvemos al hotel, a hacer valijas e ir a dormir.

El sábado salimos a correr, con 6°C. Fuimos por la costa hasta una avenida, y por ahí hasta la estación de tren, y la biblioteca pública Oodi, aprovechamos que a esa hora no había nadie para sacarnos una foto en el cartel de Helsinki. An volvió al hotel, yo seguí rodeando el Töölönlahti y finalmente rencontrándome con el camino de vuelta, después de perderme un rato. Y bastante bien calculado, 10,3 km.

Llegando al hotel me baño, Andrea ya estaba terminando de prepararse para desayunar, y nos vamos a desayunar. En el desayuno había de la torta del Día de la Independencia de Finlandia, que es hoy, y que es celebrado con esa torta. Después de desayunar aprovechamos a visitar la celda de confinación original, bastante curiosa, y la celda grupal, que era medio increíble, porque estaba directamente en la roca con un piso alto muy irregular.

Cerramos valijas, checkout, llamamos el Uber y salimos al aeropuerto, llueve un poco. Una pena, les arruina el festejo del día de la Independencia. 

En el aeropuerto vamos a tentar lo imposible… tenemos un pasaje HEL – FRA – ZRH, y otro pasaje ZDH (Basel yendo por tren, comprado como paquete con Lufthansa) – ZRH – GRU, y queríamos que las valijas hagan HEL – FRA – ZRH – GRU, que es lo que vamos a hacer.  Eso omite el trecho ZDH – ZRH, cosa que en los algoritmos de precios de las compañías aéreas es casi un delito. Después de una media hora en la que la chica del checkin de valijas intento hacer que funcione, no funcionó… tendremos que salir de la zona de embarque en ZRH, pasar por migraciones, recuperar las valijas, despacharlas, y volver a hacer migraciones, sin que Swiss cuestione como hicimos para tomar el tren ZDH – ZRH. Esperemos que todo funcione bien, tenemos 3 horas y media para esa conexión. 

Despachamos las valijas hasta ZRH, hacemos seguridad, y nos vamos al VIP de OP, con partnership con Lufthansa, a esperar nuestro vuelo. Por el momento, según Flighty, los 3 vuelos están en horario. El primer vuelo, HEL – FRA, no tiene ningún problema, llegamos Frankfurt, el VIP queda a 50 m, y nuestro vuelo siguiente sale de otra puerta vecina. La conexión dura 3 horas, tiempo para descansar, almorzar, ilusionar vendedores, y salir a la siguiente etapa, que puede ser un poco mas estresante.

El almuerzo en el VIP está excelente, muchas buenas opciones: gulasch con spätzle que estaba muy bueno, Dominosteine navideños excelentes, Zimtsterne, en fin… después de comer como para una semana, salimos a caminar. 

Volvemos al VIP, despegamos en hora, vuelo corto hasta Zurich. Recuperamos las valijas, vamos a despacharlas a Swiss. Cuando se las entregamos al agente en el mostrador, aparece un aviso en el sistema, por el que el agente tiene que llamar por teléfono a Swiss para aclarar nuestra situación. La larga conversación muestra que habían detectado que no había posibilidad de que hayamos tomado el tren que hacía parte del paquete ZDH – ZRH – GRU, y que eso no les gustaba, pero al final, el chico dice “all OK”, y nos reciben las valijas. Pasamos por seguridad, ilusionamos vendedores en el terminal principal, y compramos un stock de Thins de Lindt para pasar el verano. Vamos a migraciones y tomamos el tren al Terminal E, llegando finalmente al VIP, todo OK. O casi… ¡ahí me doy cuenta de que me olvidé la billetera con la tarjeta en el Lindt! Del VIP no me pueden ayudar, por lo que tengo que desandar el camino: trencito al terminal A, pasar por migraciones, y llegar a Lindt. Apenas llego, la vendedora me reconoce, se habían dado cuenta de que había dejado la tarjeta, y se la habían dejado a la supervisora para que la lleve al terminal E, tenían mis datos de puerta de embarque porque los piden para las compras. Le avisan a la supervisora, son como 20 min hasta que vuelve… nuevamente hago migraciones, tomo el tren, y llego al VIP, 5 min antes de que cierren. Tomo una coca para parar un poco las revoluciones, y salimos al terminal, embarque normal.

Cenamos la opción rápida, miramos un rato ODP, a dormir. Me despierto ya sobrevolando Brasil.  

Aterrizamos sin problemas, las valijas estaban, Wilson nos lleva a casa, pasamos por el Oba a comprar verduras para la ensalada del almuerzo, y dedicamos el domingo a ver la carrera de F1 en Abu Dhabi, lavar y ordenar ropa, organizar mi semana, y preparar mi valija para ir al Tauá en Atibaia, porque la correría no termina: mañana comienza nuestro OGT, una semana de reuniones den el Tauá, que en su ápice va a juntar unas 315 personas de toda Endress en Brasil. Vuelvo el viernes por la tarde, a tiempo de la cena de fin de año con los argentinos de Brasil, que va a ser en el caserão. Y el fin de semana próximo será el último de Sampa, habrá que hacer las valijas para ir a Baires. Pero esa será otra historia…

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