Mococa y Poço de Caldas
Sábado 1 de diciembreReginaldo trabajó en Endress por 7 años, cuando en diciembre 2012 hace dos cambios en su vida: se casa y sale de SC para ir a APC en construcción. El es de Mococa, y aunque Itatiba no está tan cerca de Mococa, está mucho mas cerca que Sao Paulo, así que las dos cosas están mas o menos vinculadas. Y nos invitó a su casamiento en Mococa, allí vamos!
Este será nuestro cuarto casamiento de Brasil: Kátia, Anderson (sin baile) y Nadais (casado con zapatillas All Stars y frac) fueron los anteriores. Y claro, el de Beto y Karla, aunque ese último no sirvió mucho para tomar cultura brasileña!
El sábado a la mañana tuve todavia una reunión con Matthias Altendorf, que vino a controlar el avance del APC. Pasó por casa, cargo el auto, y salimos hacia Mococa, son unos 280 km, que tomaron unas tres horas y media.
Almorzamos en el camino. Al llegar a Mococa nos costó encontrar el hotel Letoh, pero apareció! Dormimos una siesta y a las 9:00 PM estábamos en la iglesia de los Angeles, una iglesia simple y bastante nueva. Iglesia a full. Me llamó la atención que el Padre cantó parte de la Biblia, hace tiempo que no veía eso. También fue destacable el trío de violín, sexo y teclados que acompañó la ceremonia. Después nos fuimos a cenar al espacio Torre, con presencia masiva de Endress, entre PC y APC unos 20 empleados con sus parejas. Baile, el clásico brasileño de venta de pedazos de la corbata del novio, en fin, una linda fiesta.
Domingo 2 de diciembre
Desayunamos y salimos a Poço de Caldas, que queda a unos 80 km en Minas Gerais. Nos llamó la atención que el GPS marcaba una hora y media para llegar. Al comienzo fuimos por autopista, después por ruta, después por caminos cada vez mas degradados, hasta que al final hubo 30 km de camino de tierra. Ahora se explica por que una hora y media! Pero el paisaje era muy lindo, entre las sierras con mucho verde.
Al final llegamos a eso del medio día. Una cancha de 9 hoyos, contra lo que yo imaginaba muy plana. Estando con tantas sierras, me había imaginado una cancha mucho mas ondulada, pero por lo plana y por el tipo de arboles podría haber estado en Buenos Aires!
Estábamos casi solos, no había nadie jugando. Nuestro juego fue mas o menos, como siempre. Comenzamos a jugar con cielo azul y algunas nubes, como en la foto. A medida en que avanzábamos en la primer vuelta, se acercaban las nubes y se empezaban a escuchar truenos amenazadores. Al final nos tuvimos que conformar con 9 hoyos, la lluvia nos empezó a correr en el green del 9!
Almorzamos un pulpetone en la Cantina de Araujo en el centro de Poço de Caldas, bastante bien. Y emprendimos el retorno a casa, sin mayores novedades.