Ca asistió a Höltersschule desde 1966 hasta 1974, dos años Kindergarten y siete Primaria.
El director era el Prof. Guillermo Simon- Herr Simon, que siempre conversaba con todos: alumnos, profesores, padres, empleados, proveedores, vecinos y otros.
En 1972 , aprox, conversó con Carlos.
Yo era maestra de tercer grado e intercambiaba habitualmente temas pedagógicos, sociales, políticos con él.
Después de esa conversación se me acercó y me dijo, que mi hijo tenía una vida interior muy rica:
«ER HAT EIN SEHR REICHES INNERES LEBEN»
Má, diciembre 2012
Eran los primeros años de nuestro matrimonio, tal vez 1971/1972.
Cada tanto nos veíamos con nuestros hermanos (de sangre y/o políticos). Todos tenían hijos. Nosotros no.
Dentro de las turbas de sobrinos había dos, que no podían nunca venir separados: Kali y Diego.
Y aclaramos esto porque es imposible, de aquellos años, rescatar una anécdota que los tenga separados.
Y esto es también algo que destacar: la fuerte hermandad.
Pero volvamos a la historia. Entreambos, Liliana y yo Enrique, decidimos invitarlos a pasear por la Costanera. El plan era ver los pescadores, caminar por la vereda que da al río-mar, ver despegar los aviones y – tal vez – comer un pochoclo o tomar una Coca al paso.
Y así fue. Pero recordarán ustedes que por aquella época proliferaban en la Costanera las nuevas y a veces lujosas pero siempre bien instaladas parrillas que reemplazaron por algunas décadas a los kioscos parrilleros (de larga data y en estos tiempos actuales de vuelta).
Y hete aquí que sucedió lo incontrolable. Carlitos lideró el reclamo secundado, si no inspirado por Diego, de sentarse y hacer festival gastronómico en una parrilla (eran como las seis de la tarde).
Lo nuestro- considerando la exigüidad de nuestras arcas para esa época – no daba para ello. Pero temerosos de disgustar a los chicos finalmente accedimos. Iniciamos el pedido con un humilde chorizo para Liliana y otro para Enrique. Preguntado que fue Carlitos pidió UNA PARRILLADA. Y tras magno esfuerzo los hermanitos pudieron con ella, acompañada de las inefables papas fritas. El pánico de los tíos aumentó a la hora de los postres, que lógicamente obviaron el paso, no así los chicos.
Cerrada la epopeya llegó el momento crítico. Los tíos traspiraban, Liliana le arrimó por debajo de la mesa todos los billetes y monedas disponibles(Recuerden que en esa época lo único que había de tarjetas eran las de marcar la hora de ingreso al trabajo). Finalmente llegó el momento de la DOLOROSA.
Con gran alegría constatamos que llegábamos al monto exacto con la ayuda y el sacrificio del mozo que quedó sin su recompensa.
El alivio nos colmó. La alegría nos invadió, y mucho más cuando ambos al unísono expresaban: GRACIAS TIOS, ESTUVO MUY LINDO. PODRIAMOS REPETIRLO!!!
Pasaron los años y Cali además de ser tan apegado a Diego pasó a estar apegado Andy, de manera tal que llegó el día de la boda, cuando los dos en medio de la ceremonia, chiquitos y emocionados se dieron media vuelta en el altar y se comprometieron, a quererse durante toda sus vidas, frente a toda la comunidad allí reunida logrando conmocionarnos a todos…y siguieron pasando los años y Cali y Andy pasaron a ser apegados a sus hijos. Entonces llegaron los meses de enero en Lalu, donde cada uno traía a un hijo de la mano para compartir un día de playa, de helado y de Asterix (adivinen ¿quién?). Vino Chile y nos dimos cuenta, de que Cali y Andrea, de tan apegados entre sí, habían formado una hermosa familia cuando nos fueron a buscar al aeropuerto de Santiago, y al levantar la vista para encontramos cuatro caritas sonrientes que nos miraban desde el piso superior y llegamos a los mostradores y volvimos a visualizar a las cuatro caritas alegres, y así hasta que salimos y llegaron los besos y abrazos. Mientras tanto pasaban las maestrías y la consolidación en su carrera
Conclusión:
Cali es apegado a su familia, a su profesión, a sus ideas y a la parrillada
por Enrique Behrends
Una visita al zoologico de Buenos Aires en 1971, con Diego.
En la foto de izquierda a derecha, Diego, Pá, el Opi Rico en las sombras, yo, la Omi Carla. Lugar indeterminado.
Según documentado por Pá, estas fotos son de Navidad 1970, en el departamento de Mendoza 3117 en Belgrano, que es en donde vivíamos en esa época. Comenzando en sentido horario por los chicos: Diego, yo, Ingrid, Puchi, Otto Söffge, Oma Bärbel (aka Oma Dicke), Opa Dicke, Má, Henry, Herdith.
Nótese la remera de Topo Gigio de Diego.
Diego y yo disfrazados de muñecos de nieve. No está muy bien documentado, pero parece que eso fue para el carnaval de 1969 en la SOCIEDAD ALEMANA DE GIMNASIA, NEUER DEUTSCHER TURNVEREIN.
11 diciembre, 1968Familiar, Viajes0
Algunos veranos fuimos a La Falda, en donde Orbis (empresa en la que Pá trabajaba en ése entonces) tenia un chalet para empleados, llamado Villa Orbis. Orbis daba cada año gratificaciones, una parte en efectivo y otra en acciones de OVISA (Orbis Ventas Interior S.A.), que se podían cambiar por artefactos o vacaciones en Villa Orbis. Ibamos en tren del F.C. Mitre desde Retiro hasta Córdoba y luego otro tren (F.C. Belgrano, trocha angosta) hasta La Falda, pasando por túneles del otro lado del Dique S. Roque en V. Carlos Paz. Un año (1973) los opis Carla y Rico vinieron en auto y luego Diego volvió con ellos a Buenos Aires.
La primera vez que fuimos a Villa Orbis fue en 1968 (año de la foto en el tren), en el chalet principal. La segunda en 1973 fuimos a la casita de Villa Orbis (Rincón Florido), con los opis (Rico, Carla, y Bárbara).