Descansando en Eygaliers (2023)
Seguimos hacia Eygaliers, en donde paramos en Mas en Baronnies Provençales. La intención es tomarnos un par de días de descanso, alejados de grandes ciudades y mucha gente, y este parece ser un buen lugar para eso. Un Mas es como un casco de estancia simple, y esta es una casa bastante simple, nuestro cuarto es en el piso superior, todo bien campesino y simple. Tenemos un living integrado con el dormitorio, y el baño tiene una buena bañadera con duchador, aunque no tiene ducha. Suerte que An avanzó bien con su francés, acá pocos hablan algo diferente de francés! Eygaliers es un villarejo de una docena de casas y unos 85 habitantes. Nos instalamos, y nos vamos a la pileta a descansar. Frío y ventoso, no usamos la pileta, que estaba tapada, pero descansamos.
Pensando en que cenar, decidimos ir caminando a ver los dos restaurantes cercanos, a poco más de 1 km por la ruta. El primero, Cubana, es una especie de recreo de final de semana, estaba cerrado. El segundo, el camping Moulin de Cost, estaba abierto, almorzamos en el restaurante al aire libre, una ensalada con ranas. Los dos restaurantes quedan al borde de un rio chico que atraviesa la zona.
Volvemos, hora de seguir descansando, y de aprovechar la bañadera. ¡A dormir!
El miércoles es día de visitar pequeños pueblos. Desayunamos en el jardín de invierno del Mas, transformado en restaurancito para desayuno. Buen desayuno para el tipo de lugar, rico pan, dulces y miel, el queso, para la región, flojito. Y salimos en auto a nuestro primer pueblito, a unos 15 min: Brantes. Con una población de 81 personas y colgando de una colina, es bastante lindo y recomendable de visitar. Estacionamos cerca de la Miarie (intendencia), y recorrimos la iglesia de St. Sidoine (bastante decorada para el tamaño del pueblo) y la capilla de los penitentes blancos, muy modernizada por dentro y con folletos, libros, dibujos de los chicos del barrio, etc. Ya de salida en el auto, pasamos por la milenaria lavandería, que fue usada por el pueblo hasta 1958, cuando llegó el agua a las casas. Para un pueblo tan chico, llama la atención que tiene 3 cafés y restaurantes, se ve que el turismo es un punto fuerte.
Seguimos por Montbrun-les-Bains, otra villa, ya un poco más grande, de 443 habitantes. Con un carácter un poco distinto, pero muy parecida a Brantes: en el borde de una colina, callecitas, restaurantes, bares, iglesia. En la iglesia había dos órganos compactos, bien curiosos, lamentablemente en mal estado. Comimos un helado en la plaza principal.
Seguimos nuestro recorrido en auto, desviándonos a Vaison-la-Romaine, nos estábamos quedando sin nafta. Waze nos lleva a una Total, con tanque lleno volvemos a nuestro camino, a Pierrelonge. Pese a que no es tan chica, Pierrelonge tiene 229 habitantes, y fuera de la iglesia montada sobre un cerro, no hay mucho más para ver. Seguimos a Buis-les-Baronnies, la villa más grande que visitaremos hoy, con 2.291 habitantes. Paramos en el Bar du St. Julian, a comer un camembert al horno y unos curiosos ravioles de 5 mm x 5 mm. Caminamos por el pueblo, el más plano de los 4. Un lateral del pueblo estaba sobre el rio, pero curiosamente el centro de la ciudad iba sobre una avenida principal a unas cuadras del Río, y sobre el rio no había nada interesante. Comemos un helado en La Maison de Jade, bastante rico. Pasamos por el U Express, un supermercado, a comprar fruta. Y vuelta a casa.
Los días fueron mejorando, y aunque aún está fresco, da para estar un par de horas al lado de la pileta, y hasta mojar un poco las piernas, así que descansamos y leemos. Después, baños de inmersión, y cenamos en el restaurancito del Mas. Normalmente solo abre para desayuno, pedimos que lo abran y nos den cubiertos, para cenar nuestras frutas, y de postre un poco de turrón. Un rato de Apple TV en la cama, ¡y a dormir!
Y llega el día de empezar a volver. El jueves amanece lindo, la temperatura va subiendo. Me levanto un poco más temprano para hacer mis ejercicios y correr un poco, An prepara las valijas, nos encontramos en el jardín de invierno para el desayuno. Después descansamos y leemos un rato al sol en la pileta, y a las 11:00 nos dicen que tendríamos que liberar el cuarto, así lo limpian. ¡Mucha puntualidad para un lugar tan lejos de ser un hotel! Parece que tiene que ver con el horario del señor que hace la limpieza. En todo caso, hora de salir, así que cargamos todo en el auto, y salimos rumbo a Ginebra. Ahora que conocemos mejor la zona, se nota más la diferencia entre la provincia de Provence, y la de Hautes-Alpes, el camino hacia Ginebra, un poco más plano, con menos castillos y, de alguna forma, menos atractivo.
El camino va a tomar unas 5 horas, intentamos almorzar en un restaurante a mitad de camino, pero los horarios son estrictos, son 14:25 y la cocina está cerrada. An ve en Google Maps un restaurante abierto a un poco más de una hora, seguimos hacia el norte, y llegamos. Sorpresa, ¡más que un restaurante, ¡es un outlet mall, el The Village! Bastante estilo americano, bastante lindo, al aire libre, y con una imponente fuente en la que cada tanto hay aguas danzantes. Almorzamos unas ensaladas en Bistrot Colette, que es el resto que An había visto, y después nos dedicamos un rato a dar rienda suelta al consumismo, aunque en la práctica, no compramos casi nada, apenas algunos jeans muy baratos en Diésel. Hora de seguir, rumbo al cercano Château de Falavier, un castillo un tanto destruido, pero que la mayor parte de las paredes sigue en pie, vale visitar con más tiempo en una futura oportunidad, si el destino nos trae por la zona. Y seguimos hacia Annecy, An había visitado esta ciudad mientras yo estaba en el curso, y vale la pena visitarla, tiene muchas casas antiguas, muy simpático. Comemos un helado en Glacier des Alpes, que dicen es una de las mejores heladerías de Francia. Rico sorbet de chocolate y helado de frutilla. Caminamos por la zona, escuchando músicos al vivo, mucha gente en la calle, restaurantes y bares. Caminamos por el parque sobre el lago, gente bailando música jamaiquina. Pasamos por el Pont des Amours.
Llenamos el tanque del auto, y salimos al aeropuerto de Geneve. Como tenemos que ir por el lado francés para devolver el auto, la vuelta es medio complicada, pero al final la encontramos. Dejamos el auto sin novedad, vamos caminando al Ibis cercano. No es imposible, en distancia son unas 5-7 cuadras, pero es bien complicado. Mas tarde descubrimos que hubiéramos podido pedir un shuttle… Checkin, a dormir.
El viernes nos levantamos 5:30, a guardar lo poco que habíamos sacado, shuttle al aeropuerto 6:20, che min rápido, a desayunar en el VIP, que está OK. Vuelo en un Embraer a Ámsterdam, tenemos un poco más de 2 horas de espera para la conexión. El VIP está bastante bien, con muchas opciones tanto en espacios de espera (sillas, sillones, mesas altas, cada uno en diversas variantes) como en comida. Trabajo un rato, caminamos un rato, y embarcamos. Como el vuelo es diurno, aprovecho bastante a trabajar, pagando EUR 30 por internet, que no es una maravilla, pero permite trabajar la mayor parte del vuelo. Llegamos a casa al final del viernes, con todas mis actividades casi al día.