Casamiento en Rio de Janeiro (2026)
Invitados al casamiento de Daniela, hija de Irene, venezolana que conocimos en nuestros años de vivir en Casagrande, el 20 de junio salimos para Rio de Janeiro. Pero el viaje fue complicado, a la mañana temprano apareció un mensaje de Roxana avisando que nuestro vuelo había sido cancelado, íbamos los 4 en el mismo vuelo. Llamamos a la agencia de viajes mientras nos preparábamos para salir. Como no aparecía una solución clara, seguimos adelante con el plan original, nos cambiamos y tomamos un taxi hacia Congonhas.
La agencia terminó indicándonos que teníamos que hablar con la gente de Gol en Congonhas. Después de algunos minutos de incertidumbre logramos que nos reubicaran en otro vuelo. El detalle curioso fue que el nuevo vuelo salía antes que el original: en lugar de las 10:30 terminamos embarcando en uno de las 9:00. El cambio aumentó el apuro, pero finalmente llegamos a tiempo. Pasamos seguridad, nos encontramos con los Zweig y descubrimos que, pese a todas las modificaciones de último momento hechas por separado, terminamos en el mismo avión y sentados en la misma fila.
Sin novedades en el vuelo, aterrizamos en Santos Dumont cerca de las 10, y compartimos un taxi con los Zweig rumbo al Grand Hyatt de Barra da Tijuca, donde hicimos check-in a las 11.
La habitación todavía no estaba lista cuando llegamos, pero la demora coincidió con el tiempo que usamos para cambiarnos en el vestuario del spa. Dejamos las cosas y salimos los 4 a caminar por la playa. Fueron aproximadamente dos kilómetros hacia un lado y otros tantos de regreso. El clima estaba muy agradable, lindo día de playa, que no sería para nosotros, ya que íbamos al casamiento.
Almorzamos Pesqueiro, frente al mar, con vista directa a la playa y al mar, muy ricos ceviche y pulpo, volveremos. Después volvimos al hotel, descansamos un rato y nos preparamos para el casamiento.
A las 3PM llegamos al BarraPoint Shopping, desde donde salían las lanchas que transportarían a los invitados. Allí apareció una nueva demora: la salida se atrasó más de una hora. La espera transcurrió viendo un partido de la Copa junto con otros invitados. Finalmente, pasadas las cuatro de la tarde, embarcamos rumbo a la isla.
La ceremonia se realizó en una casa junto al agua, rodeada de vegetación y con los morros de Río dominando el paisaje de fondo. La vista era muy linda. Había alrededor de 100 invitados y, aunque la casa era grande, estaba medio justito en tamaño. La ceremonia comenzó todavía con buena luz de la tarde y con un clima ideal para estar al aire libre.
Después vino la recepción y la fiesta. La noche estaba agradable y el entorno junto al agua le daba al evento un clima especial. Comimos, charlamos y la tarde fue pasando. Pasadas las 9PM, tomamos la lancha de vuelta, y el taxi hasta el hotel. Llegamos alrededor de las 22:00.
Y, pensando retrospectivamente, si bien el día empezó con el estrés, el adelanto del vuelo nos dio el rato para caminar un rato por la playa.
El domingo despertamos con una mañana gris en Barra da Tijuca. Eran alrededor de las ocho y la temperatura estaba cerca de los 23 grados. El cielo estaba completamente nublado y por momentos caía una garúa muy fina. Aun así salí a correr con Miguel por la orla, las chicas salieron a caminar un poco más tarde. La corrida terminó siendo de 8,7 km, mi primera después de varios días sin actividad, y a un paso más firme que el que debía, Miguel corre rápido!
De vuelta en el hotel me di un baño, me patiné y me pegué un tirón en el abdomen, a lo largo del día fue doliendo bastante Nos encontramos todos en la pileta, coincidimos también con Fernando e Isabel y fuimos los 6 a almorzar a Pesqueiro. Compartimos un pulpo que estaba excelente y unas lulas crocantes que resultaron bastante más normales.
Al volver al hotel hicimos una pequeña siesta. Tanto Andrea como yo veníamos sintiéndonos medio resfriados, yo ya de salida, Andrea entrando
A las cinco bajamos justo a tiempo para despedirnos de Fernando, Isabel, Miguel y Roxana, que ya encaraban el regreso al aeropuerto. Después caminamos un rato por la orla de Barra da Tijuca. El atardecer acompañó el tono del día: nublado, tranquilo, agradable con lo justo para caminar junto al mar.
De regreso en el cuarto organizamos un poco la semana que comenzaba, y cenamos en Shiso, el restaurante japonés del hotel, que está bien, sin ser espectacular
Cerramos así el final de semana, ahora empieza la semana de trabajo.
El lunes amaneció tranquilo en Barra da Tijuca. El abdomen me dolía de la patinada de ayer, no fui a correr, lo que fue una pena, teniendo la orla de Barra a disposición. Desayunamos en el balcón de la habitación con algunas cosas que Andrea fue a comprar al kiosco del hotel. El día estaba mucho más lindo, y teníamos una buena vista al mar.
A las diez pasó a buscarme Rómulo. Fuimos primero al Shopping Nova América, donde nos instalamos un buen rato en Starbucks para conversar y revisar distintos temas de trabajo. Más tarde se sumó Miriam. Almorzamos en el patio de comidas del shopping antes de salir hacia Belford Roxo para visitar a un cliente
Mientras estábamos con el cliente se jugó Argentina contra Cabo Verde. Me enteré después de que Argentina había ganado 2 a 0, con dos goles de Messi.
Regresé al hotel alrededor de las cinco de la tarde. Trabajé un rato desde la habitación y poco después llegó Andrea. A las seis bajamos juntos al espacio que el hotel había preparado para seguir los partidos, con una pantalla gigante, puffs y un ambiente decorado para la copa FIFA. Allí vimos Francia contra Irak, mientas cenábamos una hamburguesa.
El martes empezó temprano, a las siete me pasó a buscar Rómulo para hacer la última visita a clientes antes de volver. Fue a la planta de lubricantes que visité con frecuencia cuando recién había llegado a Brasil, hace ya más de dos décadas. Era una mañana fresca, con cielo despejado y ese sol bajo de invierno que acompañó buena parte de la semana.
Al mediodía nos encontramos con Andrea en Santos Dumont. La logística terminó funcionando mejor de lo previsto porque conseguimos adelantar el vuelo de regreso a São Paulo.
Antes de embarcar almorzamos dentro del aeropuerto. Las opciones gastronómicas del lado de adentro eran bastante limitadas, así que terminamos resolviendo el tema con un hot dog.
El regreso fue sin mayores novedades, en Sampa llovía. Hice clase con Ana, y después a trabajar un rato, estudiar OCM otro rato, y preparar la valija: mañana salimos a Baires a visitar a Cyn por el cumple.