Nos encontramos todos en Berlín, y seguimos al País Vasco – Berlín (2026)
Hace un tiempo habíamos conseguido coordinar este viaje: Ser, Romi y Sophie estaban en Berlín, Romi hace poco volvió a trabajar, y Sophie empezó la kita. Cyn se organizó vacaciones en Italia y Grecia, y sigue a Berlín. Y nosotros vamos a Berlín y de ahí vamos a seguir al país vasco, con lo que todos estaremos unos días en Berlín.
Esta semana me tocó reunión de ventas en el Novotel de Morumbí, pero decidí no pernoctar ahí, así que se hizo más fácil hacer la valija, nos quedamos el final de semana en casa, con días otoñales, An cansada del Latinas Market, yo había llegado hace poco del Global Forum, así que pareció un buen plan. Lo único malo: tanto la tele como el receiver deciden quemarse. El receiver, todo bien, ya tenía 16 años, la tele tenía menos de un año. Así que parte del final de semana se fue en explorar que hacer con esos dos temas, la tele vendrán a repararla en la semana, y el receiver será reemplazado con uno que compramos por Amazon con entrega en Berlín. Con todo eso, se fueron los últimos días, y llegamos al jueves 14 de mayo de mañana, An va a trabajar al Hcor, y Wilson me lleva con las valijas al Novotel, trabajo allá de mañana. Después del almuerzo Wilson me lleva al Hcor, buscamos a Andrea, y seguimos rumbo a GRU. Checkin, seguridad y migraciones OK, descansamos un rato en el VIP, y embarcamos sin problemas. Vamos en Business, asientos separados, en Business no es tan fácil conseguir asiento juntos, hay muchos asientos que están en grupos de 1 persona.
Vuelo tranqui, llegamos a Ámsterdam. Intentando conectar, hacemos una fila de migraciones de 30 min, para que el policía nos diga que en esa fila estábamos entrando al país, no conectando, lo que nos dejó con la sensación de principiantes. Caminamos por el aeropuerto, y cruzamos seguridad de los vuelos locales, en donde me agarran una botellita de agua que me había olvidado de que tenía, nuevamente me siento un principiante… en fin, la conexión es larga, por lo que nada de eso es problema, nos vamos al VIP de KLM, para esperar nuestro vuelo. Se nos fue algo más de una hora en todos esos equívocos, nos quedan 3 horas para el embarque. El VIP está ok, sin destaques. Embarcamos a las 3, un rato más tarde despegamos rumbo a Berlín.
Llegamos a Berlín después de un vuelo tranquilo desde Ámsterdam. Todo funcionó bien: el aterrizaje, las valijas y también el tren hasta Charlottenburg. Volvimos al departamento sobre Pestalozzistraße, segunda vez que paramos acá.
Después de dejar las cosas salimos casi enseguida hacia Stuttgarter Platz para encontrarnos con los chicos, Sophie jugaba en la plaza. Estaba reentretenida, caminando mucho y medio que haciendo parkour al subir por unos escalones. Más tarde cenamos en DoreeDoo, mezcla de parrilla argentina, comida mexicana y otras influencias. La carne estuvo especialmente buena. Sophie de a poco comienza a comer la comida del resto, ya no se le lleva comida especial. Salí del resto caminado con Sophie de la mano, ella con confianza me agarró el dedo. Después de la cena volvimos al departamento y terminamos el día temprano, bastante cansados por el viaje.
El sábado empezó muy temprano. Nos despertamos alrededor de las cinco y poco después salí a correr. La mañana estaba soleada y fría, cerca de 6 grados. Corrí hasta Charlottenburg Palace y desde ahí seguí por el borde del río Spree hacia las afueras de la ciudad. Estuvo bueno volver a ese recorrido.
Cuando volví, lentamente empezó el movimiento del día. Salimos más tarde, pasando antes por el supermercado. En el camino hacia lo de Sergio hicimos una parada en Centro Italia para comprar fiambres y quesos, aunque llegamos demasiado temprano y todavía no había abierto. Finalmente desayunamos todos juntos. La mañana se fue en organización y, en mi caso, una siesta. Después nos fuimos hacia Chalet Suisse, en Grunewald.
Antes de almorzar caminamos cerca de media hora por el bosque. El día seguía fresco y el lugar tenía esa calma típica de Grunewald. Sophie se quedó dormida prácticamente todo el tiempo. Almorzamos currywurst, bratwurst con papas y batatas fritas, típico Beerhof en el bosque.
Estábamos con ganas de Kaiserscmarren, Google recommendó Wiener Konditorei, y los Kaiserschmarren, chocolate y Apffelstrudel estuvieron muy buenos.
Más tarde volvimos al departamento. Sergio cocinó espárragos y milanesas para la noche, mientras entre baños de Sofi, guardar las zapatillas y probar el receiver Denon nuevo, el día fue entrando lentamente en modo descanso. Al final de la noche volvimos a Charlottenburg para dormir, ya instalados en Berlín.
El domingo salimos con Andrea a correr temprano, la mañana estaba espectacular: empezamos con unos 6 grados, cielo despejado y ese aire fresco típico de Berlín que después de unos minutos corriendo se vuelve perfecto. A medida que avanzó la mañana la temperatura fue subiendo hasta cerca de 10 grados, así que terminó siendo una corrida muy agradable.
Fuimos siguiendo el gran eje hacia el centro de la ciudad. Primero cruzamos Charlottenbrücke y después entramos en el Tiergarten, que sigue siendo uno de mis lugares favoritos para correr en Berlín: mucho verde, pocos cruces de calle.
Más adelante pasamos por la Siegessäule, el “Golden Engel”, y seguimos hasta Brandenburg Gate. Ahí Andrea terminó la corrida y yo seguí un poco más hacia el este, pasando por la zona central hasta acercarme a Alexanderplatz y Rotes Rathaus antes de emprender la vuelta.
Después de la corrida me encontré con Andrea, que ya había llegado a casa, y bajamos a desayunar a LOTTA Tagesbar, el barcito justo abajo del departamento. Desayunamos una granola, un croissant, café y un chocolate caliente que, honestamente, no fue gran cosa.
Después salimos para encontrarnos con los chicos en Pulsstraße 8. Venían un poco demorados porque Sophie estaba bastante desafiante esa mañana, así que todo arrancó algo más lento de lo previsto. Finalmente logramos organizarnos y emprendimos viaje hacia Tierpark Berlin, que queda bastante lejos del centro y no tiene nada que ver con el zoológico clásico cerca de Zoologischer Garten. Llegar tomó varias combinaciones y cerca de una hora de viaje, cruzando buena parte de Berlín.
Apenas llegamos hicimos una parada para almorzar, unos pretzel en Brezel Fritz y un weisswurst, con una atención extremadamente lenta… un padre en la fila le explica al hijo que ese era el stand de las tortugas…
Después del almuerzo empezamos realmente el paseo largo por el Tierpark. El lugar impresiona por el tamaño. Más que un zoológico, parece es parque inmenso mezclado con bosque y jardines. Los senderos son larguísimos, muy verdes y con enormes espacios abiertos entre sectores. Durante horas fuimos caminando y apareciendo distintos animales: jirafas, canguros, monos, flamencos, elefantes, cebras y varios felinos grandes, además de sectores enteros dedicados a aves y animales más pequeños. Romi bautiza al Milchuhu, un tipo de búho, de Michuchu…
Sophie tuvo momentos de muchísima energía y otros de agotamiento absoluto. En un momento terminó completamente dormida en el cochecito mientras seguíamos caminando por el parque, fresco, pero con sol.
Cerca de las seis de la tarde emprendimos la vuelta hacia Charlottenburg y fuimos directamente a sticks’n’sushi para cenar sushi. Aprovechamos que todavía no habían llegado Pablo y Cynthia, que no son muy fanáticos del sushi, así que salimos con Romina, Sergio, Andrea, Sophie y Pixie. La cena estuvo muy bien y Pixie y Sophie se portaron bien durante toda la comida.
Terminamos llegando a casa alrededor de las nueve y media de la noche. Y para cerrar el día aprovechamos una de las cosas que más vamos a extrañar de este departamento: la bañadera. Nos dimos un baño de inmersión tranquilo antes de dormir.
El lunes el día arrancó temprano. Salí a correr alrededor de las ocho de la mañana mientras Andrea se iba a acompañar a Sophie a desayunar antes de llevarla a la Kita. Corrí por el otro lado del Spree, explorando una zona distinta de la que normalmente hago, encontrando un parque nuevo que no conocía, agradable para correr.
Después volví a casa, me bañé y salí al Bauhaus para encontrarme con Andrea para comprar algunas cosas para la reforma del baño en São Paulo, entre ellas el secador de vidrio tipo escobilla que acá se usa muchísimo. Pero además yo tenía ganas de ver unos pantalones de trabajo típicos de Alemania, esos blancos con detalles oscuros que usan mucho los obreros y técnicos. No encontré exactamente el modelo gris que quería, pero sí uno con detalles negros que me terminó gustando bastante. Y además muy barato: apenas 30 euros.
Después seguimos caminando por la Kudamm, que empieza por ahí. Bastante al comienzo vimos un spa premium para perros, por EUR 120 el perro tenía un servicio de 90 min… me parece que eso no será para Pixie!! Y un poco más para adelante nos encontramos con una casa de fotografía, que hacia un concurso para buscar los perros que harán parte de su calendario 2027. Tomamos los datos, ¡y más tarde inscribimos a Pixie!
Seguimos por la Kudamm entrando en algunos locales, y terminamos en el Apple Store, la funda cara que An compró para su iPhone nuevo estaba despegándose. Le había pasado también a Sergio, parece que el diseño no es muy bueno…
Cruzamos a almorzar una ensalada César y un hamburgués en el Hard Rock Cafe, del otro lado de la Kudamm, buena recomposición de fuerzas. Y de para el postre, seguimos al KaDeWe, una porción de Sinfonía en el 6to piso, una excelente torta a la que ya me referí en otros viajes, y que es parada obligatoria. Justo en ese momento Cyn tira en el WhatsApp: “me preguntaba que estarán haciendo mis papás, y los veo en el KaDeWe. Horario para concerto?” (Concerto era el nombre con el que vendían esa torta en el Einstein del KaDeWe)
Ahí nos separamos, Andrea quería ir a recorrer algunas casas donde habían vivido familiares suyos en Berlín, mientras yo aproveché para volver al departamento en Charlottenburg y dormir una siesta.
Me desperté en tiempo para encontrarme con Andrea y Sergio en la Kita, para buscar a Sophie. Después de buscarla, Sergio volvió a trabajar y nosotros nos quedamos con Sophie en el parque y en el área de juegos del kindergarten. Terminamos pasando más de una hora y media jugando, corriendo y acompañando toda la energía que ella todavía tenía al final del día.
Cuando subimos nuevamente al departamento apareció una especie de “prueba piloto” familiar: Sergio y Romina querían salir a cenar solos, asique probamos cómo funcionaba dejar a Sophie con nosotros por un par de horas. Así que mientras ellos se iban a un restaurante japonés nuevo que abrió cerca de casa, Andrea y yo nos quedamos jugando y entreteniendo a Sophie. La experiencia salió bastante bien y todo terminó siendo mucho más tranquilo de lo que parecía al principio, no hubo emergencia por la que los chicos tuvieran que volver corriendo, y An entregó a Sophie dormida en su cama.
Al final de la noche volvimos a casa pasadas las diez.
El martes fue día de transferencia, de Carlotta, el apart en Pestalozzistrasse, al de Kaiser Frederich Strasse. Me levanté alrededor de las siete y salí a correr antes de arrancar el día de mudanza. Esta vez hice una vuelta mezclando un poco el río Spree y un poco el Tiergarten. Ya se nota que la temperatura empezó a subir un poco en Berlín: arrancamos cerca de los 12 grados y el clima se sentía bastante más amable que los primeros días del viaje.
Mientras tanto Andrea se quedó en el departamento, aprovechó para dormir un poco más y después comenzó a organizar las valijas para la mudanza del día. Cuando volví nos terminamos de ordenar, cerramos todo y alrededor de las diez y media salimos rumbo al nuevo departamento en Kaiser-Friedrich-Straße, donde ahora vamos a estar instalados junto con los chicos.
El lugar ya lo conocíamos de un viaje anterior. Es un espacio bastante particular, porque originalmente parece haber sido un local comercial transformado en vivienda, con dos dormitorios, un living amplio integrado con la cocina y una estética bastante funcional. Lo más raro son los enormes ventanales que dan directamente a la calle y que están parcialmente oscurecidos, lo que hace que desde afuera casi no se entienda bien si es una casa, una oficina o un local.
Después de dejar las valijas volvimos a la búsqueda de los famosos pantalones de trabajo alemanes, ayer en Bauhaus compré unos blancos y negros, pero le tenía más gana a unos blanco y gris que no había en Bauhaus, y en la corrida vi un local de ropa de trabajo cerca de la casa. Tenían uno que me gustó, pero costaba el triple de lo que costó el de Bauhaus, me quedo con ese. Seguimos caminando varios kilómetros rumbo a Wilmersdorf, entramos al shopping a ver si en TeeGschwendner veíamos una tetera que nos había gustado en el departamento de Carlotta, no tenían ese modelo. Caminamos por la zona, y almorzamos en Saigon Today, cocina asiática a base de arroz, salsas y pollo o pato, estuvo bien.
Volvemos a Kaiser Friedrich, ordenamos la ropa y dormí una buena siesta. Y salimos a buscar a Sophie a la kita. Vamos al parquinho de Pulsstrasse, y después volvemos hacia Schlossbakerei, para comprar facturas, para la merienda con Romi. Romi al final se la perdió, su videoconferencia duró más de lo planeado. Después de algunos atrasos, a las 7 salimos para encontrarnos con Sergio en Sachiko, el sushi abajo del tren. Ser llegó antes, para constatar que estaba cerrado, sin que se sepa porque… terminamos en Sushi für Hamburg, que estuvo just OK, sin que justifique volver.
Mientras, Cyn y Pablo ya habían aterrizado llegando de Grécia, caminamos hacia Kaiser Friedrich para esperarlos en casa, llegaron tipo 9:30 PM. Y nos encontramos todos en Berlín!!
Pero ser iba haciendo tarde, Ser, Romi, Sophie y Pixie se fueron a Pulsstrasse, todos a dormir.
El miércoles no corrí, después de 48 k en 4 días, era momento de descansar. Desayunamos con Cyn y Pablo, que salieron a su tour. Con An salimos juntos a las 9, ella va a pasear, yo me voy al Museo del Sintetizador, que queda en Kottbuser Tor, aka Kotti, un barrio alternativo, un Berlín de cultura alternativa, centro de la música electrónica, con grafitis, más desorden y un tanto más de pobreza. La entrada era muy curiosa, una puerta disimulada en la entrada del Rewe, me la tuvieron que señalar para que la reconozca. Entrando por la puerta, una escalera obscura, sucia, grafitada, muy Kotti, tengo que subir dos pisos, y llego al Museo. Bien como ocurre en Brasil, cruzo la puerta y es otro mundo. Me encuentro con Chiara, con quien había organizado la visita, y con Andy, que va a ser mi guía. Andy tiene mucha experiencia, fue muy buen guía. Comenzamos comentando mi interés, y fuimos a uno de los salones, dominado por un Roland System 700 de los años 70, sintetizador modular que Andy evalúa en unos USD 150 k, parecido a los Moog originales. Comenzamos a experimentar con un Mínimoog, nos quedamos hablando de conceptos e historia, y de cómo puso al alcance de mucha más gente los conceptos de los sintetizadores modulares, al ser más fácil de usar, más portátil y más barato. De ahí fuimos a un Prophet 5, que sonaba muy bien. De final de los 70, llevaba mucho de los conceptos del Minimoog, pero ya era polifónico. Al lado tenía un Yamaha con “memoria”: tenía unos 30 sliders, y cuando tenías la configuración que querías, tenía 4 líneas de mini sliders, cada una de ellas asociada a un botón de memoria. Manualmente, copiabas la posición de los 30 sliders en uno de los 4 bancos de sliders, ¡y eso era la memoria!
De ahí pasamos al Yamaha DX7, de comienzos de los 80, que empieza a traer presets, y que con bastante más capacidad de los osciladores, organizados en 6 operadores, ya comenzaba a imitar instrumentos. Y eso llevó a un cambio, la mayor parte de la gente no quería un montón de knobs y sliders, quería sonidos disponibles en presets, y eso hizo famoso al DX7.
Seguimos con el Roland D-50, que ya empieza a traer loops muy cortos de instrumentos reales. Como el oído usa la primer fracción de segundo para identificar el instrumento, ese inicio del loop caracteriza el sonido, aun cuando después siga con el sonido sintetizado. Y pasamos corrido por el Korg M1, como un instrumento con muchos más loops.
Esa parte fue más como evolución histórica, dedicamos más de una hora. Después pasamanos un rato probando la interacción entre un Roland Juno y una máquina de ritmos TR 808, en la que el TR 808 activaba al Juno, y como hacíamos sonidos usando solo los knob y slider, ninguna tecla del teclado. Para reforzar el concepto, volvimos a un conjunto de Korgs modulares, con más opciones de ajustes creando sonidos sin usar las teclas. Y cerramos con la versión moderna del mismo concepto, el Doepfer, súper interesante, por un par de miles de EUR da para armar un sistema de muchas opciones, similar al Sistema 700 con el que empezamos.
Excelente visita, la pasé muy bien. Ya cerrando, Andy me cuenta que la colección es de Michael Soltau, compositor para TV y series alemanas. Cuando llegué, a las 10, estaba yo solo, a las 12 ya había más de una docena de personas, muchos usando los teclados, y con apariencia de que sabían lo que hacían.
Me compro una remera, y salgo corriendo hacia Maximilians, a almorzar con An, Cyn, Pablo, y al rato llega Ser. Después de un Eisbein, Ser vuelve a trabajar, y nosotros salimos rumbo a caminar por la isla de los Museos, alguna iglesia, Hackesche Höfe, Ritter Sport, vuelta a casa, compra de facturas en Schlossbackerei, y buscar a Sophie. Pensábamos hacer pícnic en el parquinho, pero llovía, nos quedamos en el depto. Durante la merienda Cyn se manda una frase memorable, en medio de la nada dice “y acá viven los chicos”, nos reímos todos por lo obvio, y por las comparaciones con las clásicas frases de las inmobiliarias, tipo “y este es el baño”. Y se van haciendo 19:30, llega Ser, cenamos Flammenkuchen.
Volvemos a Kaiser Fredrich llevando a Pixie y al receiver, a dormir.
El jueves arranqué bastante temprano. Me levanté y salí a correr por el parque del Charlottenburg Palace para hacer un poco de series, estuvo bueno. En algunos sectores vi las ovejas que ponen para cortar el pasto.
Después de volver y acomodarnos un poco, salimos con Andrea y Pixie rumbo al estudio de fotografía Art&Photo Urbschat en la Kudamm, donde teníamos reservada una sesión de fotos para Pixie para el concurso de calendario 2027, si gana sale en el calendario! La sesión duró más o menos media hora y estuvo bastante entretenida. Pixie no estaba del todo convencida de la experiencia porque los flashes y el ambiente la tenían un poco asustada, pero igual terminó portándose muy bien y lograron sacar varias fotos lindas. Al final elegimos una foto incluida en el paquete, mientras que las adicionales costaban unos 99 euros, así que decidimos dejarlo ahí.
Desde el estudio seguimos caminando hasta Apple Kurfürstendamm porque Andrea seguía intentando resolver el problema con la funda de su celular, que se estaba despegando. El proceso tomó bastante más tiempo de lo esperado, pero finalmente lograron gestionarlo y le van a mandar el reemplazo dentro de unos tres días, lo que es un tema, porque probablemente llegue después de que nos vamos, por lo que sobrará para Sergio buscarla.
Para ese momento ya se estaba haciendo hora de almorzar y el cuerpo pedía parar un rato. El día estaba fresco y la caminata en la sombra de la Kudamm no me estaba cayendo bien, estaba empezando a sentirme medio resfriado. Paramos a almorzar en Block House al lado del Zoológico, tomamos una muy rica sopa gulasch, la carne estuvo muy buena y el pan con ajo que hacen sigue muy bueno.
Siempre con Pixie acompañándonos, después del almuerzo volvimos al departamento en Kaiser-Friedrich-Straße y aproveché para dormir una buena siesta. Realmente la necesitaba.
Más tarde salimos para buscar a Sophie a la Kita, dejamos a Pixie con Romina en Pulsstraße y nos fuimos a Kindercafe Minimi, en el camino nos encontramos con Cyn y Pablo. Minimi fue la primer experiencia de Sophie en pelotero, y fue un éxito total. Durante más de una hora Sophie se subió absolutamente a todo lo que encontró, trepó por todas partes y descargó energía sin parar. Cynthia además la ayudó bastante a animarse a subir a las estructuras más altas y a que todo saliera bien. Sophie fascinada con todo ese mundo nuevo.
Después de bastante tiempo jugando empezamos lentamente la vuelta caminando. Hicimos una parada en Crêplala para comer un crêpe. Estaba rico, aunque tardaron muchísimo en traerlo, lo que llevó a que nos atrasemos en llegar a Opera Italiana, en donde nos encontramos con Sergio y Romina para cenar pizza.
La cena fue tranquila, ya todos bastante cansados después de un día largo. Después de eso cada uno volvió a su departamento y así terminó otro día muy familiar en Berlín. Antes de dormir, verifico que el receiver con algunos de los protectores de telgopor cabe bien en la valija, y cabe bien. En donde cabrá toda la ropa es otro tema, pero mucho de la valija estaba ocupado por juguetes para Sophie que quedan en Berlín, deberíamos estar bien.
Arranqué el viernes atento a como dormía y me despertaba antes de decidir correr, y me desperté mejor, pero no 100%, por lo que decidí no correr. Nos levantamos a eso de las 7:30 y el plan principal del día era visitar Sachsenhausen Memorial and Museum junto con Cynthia y Pablo.
Llegar en tren toma algo más de una hora, con especial cuidado a las frecuencias, tren solo pasa una vez por hora, hasta llegar a Bahnhof Oranienburg.
Este es un campo de concentración que en el periodo nazi fue de tamaño medio, no tan grande o con tantos asesinatos como Auschwitz, pero por su cercanía a Berlín era en donde entrenaban a los SS. El lugar está muy bien preservado y muy bien explicado, decidimos no contratar el guía, que costaba EUR 28 por persona, y en cambio usamos audioguías, que salían EUR 3,50. Fue una buena decisión porque nos permitió recorrer el lugar con más libertad y a nuestro ritmo. Terminamos pasando cerca de tres horas recorriendo distintas áreas del campo, que no estaba muy lleno.
Cuando volvimos a Berlín ya teníamos bastante hambre, así que terminamos parando en Arminius-Markthalle, un mercado cubierto muy lindo y bastante auténtico, lejos del circuito turístico más clásico. Ahí almorzamos algo rápido: Andrea y Pablo pidieron currywurst, Cyn y yo Mac&Cheese con milanesa de pollo en tiritas. Aproveché también para comprar Blue Shropshire y Löffelgorgonzola en la Käseinsel.
Después de eso volvimos hacia casa y aproveché para dormir una buena siesta.
Mientras Pablo se iba a practicar a un local para escalar (comentó después que era 5 veces más grande que el que iba en Baires), vamos a buscar a Sophie a la Kita, y a Pixie a Pulsstrasse, y fuimos al Spielplatz am Schloss Charlottenburg, Sophie se quedó un buen rato jugando ahí y terminamos haciendo también su merienda en el parque.
Después seguimos hacia Kaufhaus des Westens (KaDeWe) para comer la famosa torta Sinfonía. Como Pixie no puede subir al sexto piso, tuvimos que organizarnos por turnos: An se quedó abajo con ella mientras Cyn, Sophie y yo subimos a comer la torta, bueno, en realidad, Sophie solo miraba, todavía no puede chocolate. Después intercambié lugares con Andrea, y me fui a ilusionar vendedores en la planta baja,
Al final de la tarde nos reencontramos todos junto con Sergio y Romina y terminamos cenando en Peter Pane Burgergrill & Bar. Un poco mas tarde llegó Pablo. Después de un día muy largo, cada uno volvió finalmente a su departamento para descansar.
El sábado arrancó bastante temprano con una corrida hacia Abhörstation Teufelsberg. Más que una corrida rápida, terminó siendo una mezcla de entrenamiento y paseo exploratorio por el bosque de Grunewald. El recorrido estuvo muy bueno porque llegué hasta la antigua estación de escucha de los americanos en Teufelsberg, ese enorme complejo abandonado de la Guerra Fría, pasé por el Kletterturm, una piedra de unos 4 m de altura en donde practican escalada, y el Drachenberg, un punto alto con una vista impresionante de toda la ciudad. Desde ahí hice un video de 360 grados. En el momento no habia nadie, pero por el nombre y la apariencia, parece ser uno de esos lugares donde en verano despegan los parapentes. La corrida terminó siendo lenta, con bastante subida y muchas paradas, pero estuvo excelente.
Vuelvo a casa, y mientras tanto Andrea había recibido el aviso de Apple de que ya estaba disponible la funda nueva de su celular, así que ella salió a buscarla. Por nuestra parte, con Pixie, Cynthia y Pablo, salimos a caminar por los jardines del Charlottenburg Palace, que Pablo aun no conocía. Seguimos caminando por el borde del río y llegamos al antiguo Tunneleck, que lamentablemente ya está cerrado, porque van a reactivar una vieja línea ferroviaria histórica vinculada originalmente a Siemens. Cerraron el Tunneleck, pero por ahora no hay ningún movimiento de obra
Después nos encontramos con Andrea, Sergio y Romina y salimos rumbo nuevamente a Grunewald. Pasamos por distintas zonas del bosque y también por el lago Hundekehlesee, donde Pixie aprovechó feliz para meterse al agua. El clima estaba bastante agradable para caminar y el bosque tiene esa mezcla de naturaleza tranquila y ciudad cercana.
Almorzamos en Landkneipe, la comida estuvo razonable. Camino a Pulsstrasse todavía paramos en un REWE para comprar algunas cosas para la tarde, mientras Pablo y Cynthia siguieron con otros planes. Y pasamos por Caffé Hausbrandt para un helado, estuvo bastante bien.
Hora de algunas tareas domésticas, llegando a Pulsstrasse llevo una bolsa grande llena de botellas al Getränkemarkt cercano, la devolución me alcanza para comprar 3 cocas. Y me a Kaiser-Friedrich-Straße, a responder algunos emails de la oficina que venía pateando hacía días. Me tomó cerca de una hora ponerme razonablemente al día y después todavía descansé un rato más, aunque sin llegar a dormirme.
La cena fue un entretenido BBQ alemán en Pulsstrasse, cocinado por Sergio, todo muy bien.
El domingo empezó con una corrida larga hacia el centro de Berlín. Salí temprano bordeando el río Spree y fui avanzando hacia la zona de Brandenburg Gate. Ya desde la mañana hacía bastante más calor que en los días anteriores: arranqué la corrida con unos 17 grados y cuando terminé ya estábamos cerca de los 22. En total fueron unos 15 kilómetros. La idea original era aprovechar para hidratarme en el bebedero que está justo al comienzo del parque cerca del Brandenburger Tor, porque ya llevaba cerca de 10 kilómetros encima. Pero cuando llegué descubrí que estaba clausurado. Los últimos cinco kilómetros de vuelta se hicieron bastante duros sin agua y con mucho más calor del esperado.
Mientras, Andrea ya estaba ordenando y preparando valijas. Me bañé, acomodamos algunas cosas y después salimos todos juntos a comprar tortas en la esquina y pan, Mandelhörnchen y alguna cosa más en la Schlossbäkerei, para el desayuno familiar en Pulsstrasse. Aprovechamos también los quesos de Centro Italia y Arminius-Markthalle el viernes. El desayuno terminó siendo bastante opíparo, y con activa participación de Sophie.
Después de desayunar salimos caminando rumbo al centro, en un día que prometía ser caluroso. Fuimos en tren pasando por la Hauptbahnhof, y mientras Pablo y Cyn intentaban hacer la enorme fila del Rewe para comprar chocolates, nosotros pasamos por el Decathlon y compramos un chaleco con cantimplora para que yo pruebe en corridas, y Pá pruebe para sus caminatas. Y también una pelota chica para Sophie, que con su enorme colección de juguetes, no tiene una pelota. ¡Le encantó! Para almorzar paramos en Zollpackhof, un biergarten enorme al borde del río, muy cerca de la Hauptbahnhoff. El lugar estaba llenísimo, había show en vivo con bailes típicos bávaros, la comida era self-service, había que comprarla en filas media largas, pero que avanzaban. Definimos el lugar como “orientado a turistas alemanes de otras ciudades”.
Andrea, Sergio y Pablo se tomaron unas cervezas de un litro cada uno, la comida fue distintos tipos de wurst. Cynthia y Pablo después siguieron su propio recorrido: primero iban a visitar un museo y después el Reichstag. Nosotros nos quedamos un rato más en el Biergarten y luego seguimos caminando lentamente hacia Brandenburg Gate, bajo un calor intenso.
Al llegar a Brandenborug Tor vemos un escenario con una banda religiosa tocando, tapando bastante de la vista del Tor. Vamos al lobby del Adlon, nos dan una mesa medio escondida, pero tranquila, An y Ser tomaron café con tortas, Romi un mocktail, yo el trago diseñado para conmemorar la reapertura del hotel, el 1997. A eso de las 5 nos visitan Cyn y Pablo, entre la excursión del Boden y la del Reichstag.
Ya rumbeando a casa, a la salida nos encontramos con una manifestación de iraníes contra el régimen en Irán, una mezcla de banderas: además de las iraníes, había también muchas banderas de Estados Unidos e Israel.
Sophie se había dormido una siesta monumental durante buena parte del trayecto y al llegar los chicos todavía aprovecharon para quedarse un rato más en el parque con ella. Mientras tanto Andrea y yo fuimos al departamento para descansar un poco y hacer una pequeña siesta. Más tarde volvimos a encontrarnos todos nuevamente en el parque, donde Sophie seguía jugando y queriendo hacer todo al mismo tiempo, como bajar el tobogán con la pelota, y si fuera por ella, también con su bicicleta de 4 ruedas.
Nos vamos todos un rato a Kaiser Friedrichstraße a descansar un poco y cambiar los pañales de Sophie, mientras esperamos a Cyn y Pablo. Y nos encontramos todos parta cenar en Lemke, siguiendo la tradición de que la cena de despedida es ahí. Para Sophie comer comida del mismo restaurante empieza a hacerse rutina, y pidieron para ella del Kindermenu unos fideos con tuco. Sophie estaba entretenida en los jueguitos del resto, y no con muchas ganas de comer, hasta que la sentaron y probó la salsa… ¡todo cambio! Sospechamos que la salsa tenía todo lo que una salsa de adulto tiene, en sal, azúcar, y aceite, Sophie se comió todo, y se relamía los labios sacando la lengua y comiendo hasta lo último. Y así termina esta visita a Berlín, foto en la frente del Charlontenbourg Palace, y nos despedimos de Ser, Romi, Sophie y Pixie. En Kaiser Friedrichstraße terminamos de cerrar valijas, mientras Pablo y Cyn ven en el celular con VPN la carrera de F1, en la que Colapinto sale 6to