Chuqui!
Alrededor del 20 de febrero de 1999 llegué a casa del trabajo, y me encontré con un perro que estuvo todo el día en la entrada del garaje. De hecho, cuando entré el auto el entró también, y los chicos ya lo estaban adoptando. No tenía ninguna placa de identificación, ni sabíamos como ubicar al dueño. El 24 de febrero lo llevamos al veterinario, con lo que pasó a formar parte de la familia, bautizado por Sergio como Chuqui. Se trataba de un golden retriever dorado, que estimativamente nació en junio de 1998.Empezó ahí la historia de cuidarlo, educarlo para que no rompa demasiado el jardín, los diarios ni el correo, etc. Hubo que poner algunas rejas en el jardín de adelante, para que no rompa todo ahí. Los chicos jugaban mucho con Chuqui, que como buen retriever era cariñoso y no muy bruto. De hecho, si el agarraba un juguete con la boca, los chicos le abrían la boca y le metían la mano adentro, para sacar el juguete. Y Chuqui, tranquilo!
Al comienzo, dormía afuera en el lavadero al aire libre. Llegó el invierno, y empezó a dormir en la cocina.
Lógicamente, tener un perro implica el típico dilema de quien lo cuida en nuestras ausencias. En el verano 2001-2002 Jorge Meyer, un colega de Endress, se ofreció a cuidarlo, para lo cual llevé a Chuqui a la oficina de Renato Sánchez en Santiago, para pasárselo. Yo estaba trabajando en el servidor, cuando Aída, nuestra asistente, se acerca y me dice: «Carlos no te preocupes, pero Chuqui se escapó. Está toda la oficina corriéndolos!». Efectivamente, los 10 empleados de Endress que éramos en la época estábamos corriendo a Chuqui por las calles de Las Condes! Después de casi media hora, conseguimos agarrarlo, y las actividades de la oficina volvieron a la normalidad.
Pasear a Chuqui era un problema. Tenia mucha fuerza para los chicos! A veces lo paseábamos en bicicleta, atado a la correa. Hasta que a comienzos del 2001 yo lo estaba paseando en bicicleta, y la correa se trabó en mi rueda delantera, con lo que la bicicleta se clavó y yo salí volando por arriba del volante. Terminamos en le hospital, yo con la muñeca izquierda quebrada, y enyesado por 2 meses. A partir de ahí, el paseo era a pie con correa, o suelto en bicicleta.
En diciembre del 2001 veníamos de pasear a Chuqui, y estábamos ya entrando a casa. Chuqui se largó a cruzar la calle sin mirar, y un taxi se lo llevó por delante. Lo llevamos volando en el auto al veterinario, pero no hubo nada que hacer. Sus cenizas están en un ánfora enterrada en el ángulo sureste del jardín de Francisco Bulnes Correa 910.