Fin de semana en Arles (2023)
Salimos rumbo a Arles. El camino desde Ginebra nos va a tomar unas 5 horas, con varios tramos de embotellamiento casi paulistano, en nuestro sentido. En sentido contrario, con el final de las vacaciones de agosto, el embotellamiento era verdaderamente paulistano, todo completamente parado en la ruta, por kilómetros. Paramos en una Shell en Aires de Montelimar, los Aires son desvíos de la ruta, algunos bien simples, otros con estaciones de servicio, McDonalds, etc. Parece un concepto interesante para promover el descanso al manejar, y hay bastantes, los más simples queda 10 ó 20 km, los más completos y con estación de servicio están más espaciados.
Y llegamos al estacionamiento central de Arles, en el que nos espera Christine, la representante de la dueña de “Apartment de l’Amphithéatre”, que nos da la tarjeta para entrar al estacionamiento central. Si bien el estacionamiento queda a unos 300 m del departamento, que tengan resuelto el tema del estacionamiento es un muy buen detalle. Caminamos por las callecitas con las valijas, con sus subidas y bajadas, pasamos por al lado del imponente anfiteatro, y llegamos al departamento, chiquito pero bastante bien, y apenas saliendo la puerta ya se está a 20 m del anfiteatro. Nos acomodamos y salimos a caminar. Visitamos el anfiteatro del 90 AC, con capacidad de 20.000 personas. Es interesante ver que el pico de población de Arles fue en el siglo IV DC, con unas 75 a 100 mil personas, mientras que hoy no llega a 60.000 personas.
Seguimos caminando por las callecitas antiguas, todo bastante lindo, vale la caminata. Entre otros puntos históricos, visitamos también el Théatre Antique, y pasamos delante de las Thermas de Constantin, ya cerca del rio. Después de una buena caminata por callecitas, paramos a cenar una pinsa romana (es como una pizza, pero la masa combina harina de trigo, soja y arroz) en Colosseo, con muy linda vista al anfiteatro, prácticamente del otro lado de la calle.
Y es hora de ir a descansar.
El domingo despertamos a eso de las 8, llueve. Ordenamos un poco, habíamos puesto a lavar ropa, que por suerte dejamos en el tender en el living, pero no había secado bien. Hasta que ordenamos todo y nos duchamos ya son las 10, caminamos por el Parc des Ateliers, fuera de la zona histórica, un parque interesante de caminar aunque no muy grande, con varios museos gratuitos, pero que para visitar hay que registrarse en anticipación, cosa que nosotros no hicimos. Y después de otra caminadita por las calles históricas, volvemos al departamento a buscar las valijas. Justo nos encontramos con la dueña, Olivia. Caminamos hasta el estacionamiento central, nos costó encontrar la entrada, al final encontramos la entrada y a Christine, y al rato llega Olivia. Busco el auto, llego a la salida en donde Andrea me esperó con las valijas, nos despedimos de las anfitrionas, y salimos rumbo a nuestro próximo destino.
Eso sí, con una parada ;-). Olivia le comenta a An de una muestra sobre el iluminismo, en una muestra que nos queda en el camino, en Carrieres des Lumieres, Le Baux-de-Provence. El museo está alejado de la ciudad, así que estacionamos en el mismo museo, tuve suerte que justo un señor se iba, estaba todo lleno. Mientras Andrea recorría el museo, mi plan era ir al café del museo, pero el café quedaba del lado de adentro, o sea ya había que pagar entrada, y esa no era mi intención, así que me quedé sentado en unas piedras mientras actualizaba mi diario, y buscaba donde almorzaríamos después.
Y en esa búsqueda, me llamó la atención que había una concentración de restaurantes a unos 10 min a pie. Cuando An termina su visita al museo, decidimos ir hacia allá, y nos encontramos con una ciudadela medieval, el Chateu des Baux-de-Provence, construido en el siglo X, muy simpático de visitar, con varias callecitas con comercio para turistas. ¡Eso explicaba la gran cantidad de autos que vi nos estacionados en la ruta! Como curiosidad, en esta zona fue identificada la bauxita (un óxido de aluminio), que toma su nombre de Baux.
Almorzamos en Les Baux Jus, un restaurante vegetariano bastante bueno, y con unas mesitas afuera con muy linda vista. Pero mientras esperábamos la comida decidimos entrar al saloncito al fondo, afuera el viento estaba muy fresco.
Después de almorzar recorrimos la ciudadela, y paramos en unos de los locales que venden turrones, las piezas de 20 kg son siempre lindas de ver. Compramos un pedacito para comer después. Y hora de seguir nuestro camino a Les Bories & Spa, en donde vamos a parar por un par de días.