NOA con Pá, Má, Diego y Marisa: de Villa Unión a El Chiflón (2023)
El miércoles nos levantamos temprano, hago mis ejercicios, desayunamos cada uno por su cuenta, cerramos la cuenta, y salimos a Talampaya, que queda a poco menos de una hora. El Parador Turístico del Parque Nacional está bien armado, con restaurante, las agencias de turismo, WiFi, y un simpático parque de dinosaurios que se recorre en 20 min. Tenemos una espera de unos 40 min, nos pedimos algunos cafecitos, en mi caso un submarino, con la sorpresa de que en realidad compré leche caliente y ¡una tableta completa de Águila 60%! A las 10:15 empieza la excursión, en unos camiones para paseo, en nuestro caso double deck, con la parte superior al aire libre. La primer parte, hasta el comienzo de las formaciones geológicas, hay que hacerla abajo. Ahí ya hacemos el primer paseo, viendo petroglifos y las formaciones rocosas. Los paisajes son realmente muy lindos y únicos. Vamos a hacer una segunda parada, en un oasis con muy linda arboleda, que contrasta con las imponentes paradas de 150 m de altura. Ahí nos ofrecen un apero con vino, whisky, sopa (muy rica), nueces, pasas de uva, y un brindis con champagne. Seguimos a la tercer parada, con más paisajes impresionantes, y volvemos al parador, el paseo toma casi 4 horas.
Almorzamos en el Parador, empanadas, humita y pato confitado, todo muy rico. Volvemos a nuestra van, para seguir rumbo a El Chiflón Posta Pueblo. Este es un hotel simpático, similar al Tres Cruces en el tipo de posada, pero mucho, mucho más simple. Queda a unos 200 m de la entrada del Parque Nacional El Chiflón, y es lo único que hay en decenas de kilómetros a la redonda. Por ejemplo, las estaciones de servicio más próximas quedan a 70 km de acá, por lo que habrá que cuidar el diésel. Andrea buscó opciones en la zona, pero es muy difícil, y este hotel, en medio de la nada, es la mejor opción para recorrer varios parques nacionales cercanos.
Llegamos pasadas las 4, y el día se va poniendo más fresquito y con garúa, aun cuando no es época de garúa… mala suerte. Nos instalamos, descansamos un rato, y decidimos el menú, la comida hay que ordenarla con anticipación.
Me fui al lobby a escribir un rato, y fue interesante ver que llegaban muchas personas a hacer checkin. Nuevamente, hotel aislado pero bastante popular. Mas tarde llegaron Pá y An, y al rato Diego y Má, jugamos a la generala, vale registrar que gané con generala y doble-generala. Poco después ya eran las 8pm, hora de cenar. Bondiola y milanesa a la Riojana, canelones, frutas confitadas, flan y vigilante, todo bastante rico. A dormir temprano, estamos bastante cansados.
El jueves me levanto temprano, el día sigue frio y nublado, lo que puede afectar nuestras excursiones. Corro 5 k en la ruta, en mi tercer tiempo #under30, con 29:59 justitos. Llego, me ducho, hay que cuidar el termotanque, que alcanza justo para uno, o para una ducha muy rápida para dos. A las 8:00am tengo una videoconferencia de MDs convocada por Matt la semana pasada, de participación obligatoria, para informar de cambios organizacionales. Estoy curioso de que se trata, así que me voy al resto y me conecto, pero ya desde que me desperté internet no andaba, y sigue sin andar… me quedaré con la duda de que se trataba hasta que consiga conectarme más tarde. Conversando con otra persona que también trataba de conectarse a internet, especulamos que el clima tan húmedo y muy nublado capaz que dificulta la señal de internet, que seguro es satelital.
A eso de las 9:00am van llegando los demás, para desayunar. La mañana se va en descanso y caminata por el parque Chiflón, al que entramos por una entrada de los locales que queda justo enfrente al hotel. Entre las cosas que vimos, estuvo un cóndor parado en una piedra en la altura, que daba vueltas desplegando las alas. Nos dicen que era para secarlas, después de un poco de lluvia a la noche. Almorzamos temprano en el hotel, y salimos al parque Nacional Ischigualasto. El parque tiene una base más completa que la de Talampaya, e incluso antenas de 4G que dan señal a casi todo el recorrido. También hay varias tiendas de artesanía y productos locales, un museo mediano, un restaurante y un mirador. Hacemos primero una excursión de unas 4 horas, se hace en caravana en nuestros autos. Recorremos Valle Pintado, la Cancha de Bochas (llamada así por una cantidad de piedras naturales con forma de bocha), el museo William Sill (llamado así por un explorador americano que contribuyó al hallazgo de muchos dinosaurios en la zona; el museo incluye un dinosaurio en la tierra tal como lo encontraron, con una simulación de campamento de explorador), el submarino, el hongo y las barrancas coloradas. Un dato interesante es que las formas son más dinámicas de lo que yo imaginaba, por ejemplo, el submarino tenía dos escotillas, una se cayó, y ahora tiene solo una.
Volvemos a la base, tenemos un poco más de una hora para recorrer el museo, comprar alguna cosa en las tiendas, y cenar. Comimos empanadas, aun cuando la estructura en Ischigualasto es mejor que en Talampaya, el restaurante es bien peor. Y ahí viene el plato fuerte del viaje, la caminata nocturna por el parque, con luna llena. Fue con dudas hasta el final, porque el día de mañana amaneció muy nublado, a la tarde despejó, pero los guías no confirmaban la excursión, porque con nubes… no hay luna llena. A las 20:15 comienzan a vender los tickets, 20:45 nos subimos a los autos y en caravana vamos hasta la cancha de bochas, y de ahí es una caminata de unos 80 min, incluyendo 3 paradas en las que la guía da rienda suelta a su discurso, con algunos datos interesantes, e innecesariamente largo. En todo caso, los paisajes son muy lindos, la iluminación de la luna es mágica, y, dato relevante, Pá se arregla bien a hacer todo el camino, incluso mejor que muchos otros más jóvenes que había en el grupo. Éramos unos 20 autos, unas 60-70 personas. Vuelta al hotel, a dormir pasada medianoche. A lo largo de los días fueron llegando novedades de Henry, más o menos estable.