Nos encontramos todos en Berlín, y seguimos al País Vasco – Getaria (2026)
Salimos temprano el lunes 25 de mayo a la mañana, cerramos las valijas, nos despedimos de Cyn y Pablo, y tomamos el M45, el U7 y el tren hasta el aeropuerto. Despachó automático de valijas, más allá de la carga cognitiva de aprender cómo se hace, cada dia es más fácil. Mientras despachos las valijas, An va a la farmacia a comprar crema para el sol. Cuando preparamos las valijas hace dos semanas, la expectativa era de mucha lluvia y máximas de 18. ¡Cambio bastante, ahora es de mucho sol y máximas alrededor de 30! Y la ropa que elegimos no es mucho para eso…
Nos vamos al VIP del final del terminal B, en donde nos aguardan los siempre fabulosos cookies de chocolate de este VIP. Tenemos ahí un tanto más de una hora de espera. Salimos rumbo al puerto de embarque. El embarque era por ómnibus hasta el avión. El vuelo fue tranquilo, sin grandes novedades, y llegamos a Bilbao con bastante calor para la época. El aeropuerto es chico. Las valijas tardaron un poco más de lo esperado, pero aparecieron. Mientras esperaba, yo tenía puesta la remera del museo del sintetizador de Berlín y un señor se me acerca para contarme que había estado ahí la semana anterior. Conversación completamente improbable en una cinta de equipajes del País Vasco.
Después vino la parte operativa: alquiler del auto, papeles, nos dieron un Renault Duster. Desde ahí manejamos alrededor de una hora hasta Getaria. Apenas llegamos paramos directo en el puerto para almorzar en May Flower. Pulpo, ensalada y calamares fritos. Todo correcto, rico, fresco, pero sin destaques. Igual el lugar compensaba: muy linda vista sobre el puerto y el mar cantábrico, ventoso, parrilla en la entrada, que después veremos que es un standard en la zona.
De ahí seguimos hasta la casa, Golindo Goikoa. Una casa de campo en la ladera, con vista muy abierta y bastante bien ubicada. La tarde se fue entre abrir valijas, acomodar ropa, conectar cargadores y entender un poco cómo funciona la logística del lugar. Lo fuimos estirando para dejar caer el sol porque el calor seguía fuerte. Los dueños nos comentaban que temperaturas así normalmente aparecen apenas algunos días en agosto. Estamos en mayo y ya hace muchísimo calor.
Más tarde bajamos caminando hasta el BM, el supermercado del pueblo, para abastecernos para el desayuno, es mejor opción que el súper que hay en la ciudad vieja. Después seguimos recorriendo las callecitas de Getaria. Todo muy angosto, piedra, balcones bajos, ropa colgada y gente caminando sin demasiado apuro.
Terminamos el día cenando en Getaka: unos pinchos, Andrea tomó txacoli, un vino local y yo una sangría, todo OK. La vuelta a casa tuvo su cuota de demanda física: parte de la subida es por escaleras mecánicas y ascensor público, la subida final hasta la casa pega bastante. Especialmente después de comer y con el calor acumulado del día.
Llegamos finalmente arriba y nos quedamos un rato más en la terraza viendo terminar el día. El sol empezó a bajar, apareció algo de viento y recién ahí la temperatura cedió un poco. A dormir.
El martes nos despertamos recién a las 7 de la mañana, que para acá ya es bastante tarde porque desde las 6 ya amaneció. La casa, el entorno rural, el silencio, todo muy tranquilo. Desayunamos y después nos fuimos directo a la playa, que hasta dio para bañarse, con mar a 18 grados. Fría, pero soportable después del primer minuto, y que nos recordaba el pacífico en Chile. Mucho sol y calor, hace 2 semanas, cuando preparamos las valijas, esperábamos lluvias y máximas de 18 C, con lo que estamos con ropa escasa para este calor.
Cuando salimos de la playa ya eran más o menos las 10:30 y fuimos hasta la panadería Isarri. Croissant con Nutella y chocolate, pan de chocolate, café, coca. Todo correcto, sin destaques gastronómicos. Después seguimos hacia el museo de Cristóbal Balenciaga, que nació justamente acá en Getaria. El museo es relativamente nuevo, abrió en 2011, y la verdad está muy bien armado y con una arquitectura destacada. Recorrido largo, fácil más de una hora y media. Muy completo y bastante moderno en cómo presenta las distintas etapas de Balenciaga. Una de las cosas curiosas fue la tienda. Entre varias cosas carísimas había unos gorritos tipo jockey cuyo precio yo estimé algo arriba de 40 euros y terminaban costando 21. Ese detalle iba a volver varias horas después.
Almorzamos en Politena, una taberna de tapas que estuvo bien. Cinco tapas distintas, todas muy buenas. La que más me quedó fue una de jamón crudo con paté. No por la combinación en sí, sino porque el paté estaba muy bueno. Después queríamos ir caminando hacia Zarautz, unos cinco kilómetros bordeando el mar, y con este sol y calor, apareció el tema del gorrito, me hacía falta para ese camino. Andrea quería ver si conseguía un pañuelo y yo usar su jockey o comprar uno para mí, pero en las tiendas de Getaria no encontramos nada que nos convenciera y los jockeys estaban todos a 35 euros. Resultado: terminamos volviendo al museo Balenciaga, donde el gorrito de 21 euros pasaba a parecer barato.
La caminata hasta Zarautz fue dura por el calor, pero muy linda. Mucho acantilado, mar golpeando contra las piedras y algunos paisajes bastante impresionantes. Ya en Zarautz nos quedamos en la parte oeste de la playa, la más histórica. Descansamos bastante, un poco de siesta incluso. A esa altura ya eran las cinco o cinco y media de la tarde. Buscamos algún café interesante, pero no apareció nada demasiado convincente, así que cambiamos el plan por helado en la heladería italiana Izostegia. Sorbete de chocolate y chocolate brownie, los dos muy buenos.
Volvimos en colectivo a Getaria y desde ahí salimos caminando hacia el Ratón de Getaria, la colina que está justo enfrente del pueblo. Históricamente era una isla separada y recién hacia 1800 terminó unida artificialmente al continente. Subimos al faro y después seguimos hasta el punto más alto. Vistas muy lindas sobre toda la costa del mar cantábrico. Una de las cosas más interesantes del recorrido eran unas un par de esculturas directamente trabajadas sobre la piedra, destacando la primera que vimos, dos marineros llevando las velas mientras una mujer los mira desde atrás.
Bajamos ya cerca de las 19:30, pasamos por el BM y compramos cosas para hacer una picadita y sangría para cenar en la casa.
Una curiosidad que empezó a repetirse bastante hoy fueron los soportes para paraguas. Los vimos en la iglesia y en el museo Balenciaga. Claramente la lluvia acá es un tema serio, incluso mucha ropa de lluvia en las tiendas. En nuestro caso, el problema era exactamente el contrario: demasiado calor, demasiado sol y bastante poca ropa preparada para eso.
Llegamos a casa, baño, y a preparar la cena, sangría con picada, con vista al viñedo desde el jardín de nuestro hospedaje rural.
El miércoles empezó corriendo: salí de la casa, bajé hasta Getaria y desde ahí seguí por la costa hasta Zarautz. Ida y vuelta, bordeando el mar, con algo de desnivel y buen clima, terminó dando 10 k, con lindos paisajes.
Al llegar me encontré con Andrea en la playa de Getaria. Nos quedamos un rato en la playa, me meto al mar con agua claramente fría, 19C, pero después de correr funciona como un recovery natural versión Cantábrico.
Después subimos, nos cambiamos y arrancamos en auto hacia San Sebastián. Llegamos cerca de las 10:30. Estacionamos en Ondarreta, y caminamos por la costa, se veía toda la bahía y, al fondo, el Monte Urgull con el Sagrado Corazón arriba.
Seguimos caminando hacia el centro y la Parte Vieja, y subimos al Castillo de la Mota, coronado con el Sagrado Corazón del Monte Urgull. Desde arriba la vista era espectacular: la bahía, los barcos, la ciudad compacta, el puerto.
Después bajamos hacia la Parte Vieja, paramos en el Bar Federico para unos pintxos. Toda una zona muy turística, muy llena de gente. Más tarde cruzamos hacia Zurriola Beach, nos quedamos un rato en pela playa.
A la tarde volvimos hacia el centro, paramos en Gelateria Boulevard, otro rico helado. Sin llegar a los italianos o los argentinos, los helados vascos son bastante buenos.
Después fuimos hacia el Palacio Miramar, en el que la realeza pasa a sus vacaciones. Y finalmente seguimos hacia la zona del funicular, subimos al Mirador del Monte Igueldo. El funicular tiene como 100 años, y se le notan…
El plan de cena era en Aratz, que en Google consta a abierto, pero estaba cerrado. Cenamos en Txinparta, que queda al lado, un pulpo decepcionante, dejamos una parte. Vuelta a casa en Getaria, a dormir.
El jueves terminó siendo el dia visualmente más impactantes del viaje, fuimos en auto hasta la vecina Zumaia, a visitar el flysch, una formación rochosa impresionante, producto del choque de Iberia con el continente europeo, hace 60 millones de años. Bajamos a la playa de Itzurun, hay que acompañar la mares para poder bajar y ver bien las capas geológicas. Hay filmaron algunos capítulos de Game of Thrones.
Después seguimos a la lomita de San Telmo, desde donde prácticamente comienza toda la vista de los acantilados. Desde ahí caminamos bastante, cerca de cuatro kilómetros, acompañando el paisaje desde arriba del acantilado. Primero pasando por Playa de los Curas y después continuando hacia Baratza Zarrak. Hacia bastante calor, por suerte habíamos llevado algunas botellitas con agua. Muy lindos paisajes, caminata desafiadora, en partes acompañando el Camino de Santiago del Norte, que pasa por Hondarribia, San Sebastián, Zarautz, Getaria, todos lugares por los que pasamos en estos dias.
Ya de vuelta en Zumaia almorzamos pintxos en XL Taberna, simple y correcto. Después pasamos por el BM para comprar algunas latas para llevar a casa y unos heladitos.
Seguimos caminando todavía bastante más hasta llegar a la Playa de Santiago, más ancha y más abierta que Itzurun. La arena estaba muy caliente, en donde uno intenta caminar rápido pero fingiendo dignidad para no admitir que se está quemando vivo.
Nos tiramos un rato al sol y al agua, bastante tranquilos. Después subimos a PORTUTXIKI Kantina, un bar que está arriba de la playa, para una Coca y una cerveza, mirando el mar. Mucho calor, cielo completamente limpio.
Más tarde volvimos hacia Getaria, estacionamos en el puerto, es gratis hasta el 1 de junio, que empieza oficialmente la temporada y pasa a ser cobrado, y paramos un rato más en la playa. Hablando de temporada, a lo largo de los días vimos señales de que la temporada se acerca, no solo en el fin de la gratuitidad del estacionamiento: empezaron a ponerle techo de lona a los bancos de Getaria, al borde del camino y con vista al mar, y en Zarautz empezaron a armar las carpas de la playa.
Subimos a casa, nos arreglamos, y bajamos a cenar en Maruka Gastro, ricos pintxos.
Viernes, último día completo en la costa vasca. El dia ya está mas vasco: gris, un poco más frío, con algunas gotitas de garúa cada tanto. Con An bajamos a Getaria y salimos corriendo hacia Zarautz, repitiendo el recorrido del miércoles. An se queda en Zarautz y vuelve en ómnibus, yo vuelvo corriendo, completando 10 k. Como el ómnibus demoró en llegar, llegamos a Getaria casi juntos.
Como está frío, no me baño en el mar cantábrico, y vamos a desayunar a Izarri Okindegia, facturas bastante standard. Volvimos a la casa, a empezar a guardar todo.
Para almorzar bajamos a Getaria, a la 1PM abrió Txoko, el restorán que nos convenció por la vista al mar y el menú. La experiencia gastronómica hasta ahí estuvo dividida: en general muy ricos pintxos, floja comida más formal. Por ejemplo, hasta ahora ningún pulpo siquiera regular, mucho menos memorable. Txoko ya fue un buen cambio de tendencia, hasta ahí, la mejor comida de toda la semana. Pedimos dorado de roca acompañado de pimientos y papas, y una sangría. Antes de que saliera el plato me quedé conversando un rato con el parrillero, que nos contaba que los pesqueros de Getaria se dedicaban a otros peces, y que el nuestro era de otro puerto con barcos más chicos. Toda la comida estuvo excelente.
Después del almuerzo todavía hubo tiempo para un helado en Dona Doni Izozkiak, con un chocolate a base de agua premiado en Italia. Encaramos por última vez el poco mas de un km de subida hasta la casa de campo, para la siesta obligatoria después de la sangría.
Alrededor de las seis salimos en auto hacia Hondarribia, en la frontera con Francia. Comenzamos recorriendo la Plaza de Armas, el castillo y las antiguas murallas. Las calles empedradas, las puertas fortificadas y los edificios históricos recuerdan que durante siglos este fue uno de los puntos estratégicos de la frontera entre España y Francia.
Después bajamos hacia la calle San Pedro, eje principal del barrio de la Marina, con fachadas coloridas, restaurantes, bares y ambiente portuario.
Y llegamos a Alameda, el restaurante con una estrella Michelin en donde habíamos reservado la cena. Así como en España no se almuerza antes de las 13:00, la cena no empieza antes de las 20:00. Fuimos por el menú de 12 pasos, con cosas brillantes y otras muy buenas, le agregué una ostra muy buena, el plato fuerte fue una lubina, y ya pasando a los postres hubo una espectacular selección de quesos artesanos vascos, entre ellos un Regis que destacó especialmente por su intensidad y cremosidad, y un helado de chocolate memorable. El Regis es un queso sellado en cera, acelerando el proceso de fermentación.
Y volvemos a Getaria, hora de ir a dormir.
El sábado amanece en la casa de campo en Getaria, con el clima que se espera de la región: cielo gris, temperatura fresca, y sensación de que podía largarse a llover en cualquier momento, aunque finalmente no llueve.
Nos despedimos de los anfitriones y salimos rumbo a Bilbao. Ya llegando, llenamos el tanque, dejamos las valijas en el Holiday Inn Express Bilbao, devolvimos el auto en Avis, y resolvimos en el aeropuerto el check-in del vuelo del día siguiente (el app da a error al hacer el checkin).
Desde el aeropuerto tomamos el ómnibus hacia Bilbao. En unos veinte minutos llegamos a la zona del Museo Guggenheim Bilbao, lo recorrimos por fuera, vimos la gigantesca escultura de flores Puppy, y la exhibición ZERO en la que muestra la construcción del museo. En el gift shop compramos un Puppy de imanes para Sophie.
Después seguimos por la ria hacia el Casco Viejo, recorriendo varias callecitas, y pasando por uno de los puntos de Google Maps: una tapa de alcantarilla tematizada con Stranger Things. Paramos para pintxos y sangría en Ekain, que estaban muy buenos, los dos bastante elaborados, por ejemplo, la sangría preparada bicolor y con rollito de canela. Ekain queda en la Nueva Plaza, hay muchos bares de pintxos, la plaza en si está cerrada para reparaciones, pero no se veía ninguna obra, volveré al tema. Seguimos caminando, paramos en Campesano a comprar algo de jamón para llevar, y en Le Chocolat para comprar unos chocolates. Seguimos caminando por las Siete Calles, y caímos en la Catedral de Santiago, en la plazoleta había muchos grupos cocinando paellas gigantes en plena calle, en una celebración annual organizada por los vecinos, que incluía juntarse a cocinar y comer, así como un concurso de paellas. Hablamos con uno de los vecinos, que nos cuenta que antes este evento se hacía em la Nueva Plaza, y que los habían echado de la plaza porque era um evento popular, y los “eventos populares molestan”… Anda a saber si es cierto, o autopercepción de persecución tan frecuente em estos días…
Seguimos caminando por el centro histórico, paramos a comer unos pintxos más en Bilbao Berria, con unos extraordinarios chipirones con cebolla frita, que repetimos. Los pintxos en Bilbao fueron bien arriba del promedio de los de Getaria. Terminamos entrando en El Corte Inglés, y seguimos a Bascake, clásicas tortas de queso que aparentemente son muy buenas, aunque no muy de mi estilo, aun menos, cuando no había de chocolate. Seguimos a la Plaza Moyua, ya cansados, hora de volver al hotel, otra vez en ómnibus hasta el aeropuerto, y la van del hotel al hotel. Checkin, y al cuarto a descansar un rato.
Cenamos en Urbe, el restaurante del hotel, una muy buena hamburguesa, lo mínimo que cabía esperar por el precio que tenía, que era bien de aeropuerto. Y cerramos valijas, para tener todo listo para mañana.
El domingo fue dia de retorno. La van del hotel nos lleva en 5 min al aeropuerto, despachamos el equipaje, y seguimos los trámites normales. Un vuelo de un poco más de una hora en Vueling hasta Barcelona, escala de 3 horas y media, y vuelo en Latam hasta GRU, nos espera Wilson, y vamos rumbo a casa. Por delante, un par de semanas en casa, a terminar el baño, reparar la TV, instalar el nuevo receiver, comenzar mi curso de mentoría, en fin, vuelve la rutina.