Celestino

Para comenzar esta pequeña historia, es importante hacer algunas declaraciones, la primera tiene que ver cuando conocí a Carlos y eso fue por el año 1995 mas o menos, no recuerdo si en Bs. As o Santiago, el trabajaba para Foxboro en Argentina y yo para el representante en Santiago, la relación desde mi punto de vista era compleja, aunque no existía mucha comunicación, nosotros siempre mirábamos a nuestros colegas Argentinos con un cierto reparo histórico. La segunda tiene que ver con que el año 1997 Carlos fue trasladado a Chile pasando a ser mi jefe directo, situación que para mi no fue fácil de aceptar, no por algo profesional, sino que mas bien por algo de nacionalidad, que algunos podrán llamar patriotería. Para aclarar aún mas este ultimo punto, debemos entender que yo estaba en un profundo y estúpido error, pero Carlos tampoco ayudaba mucho en la situación, ya que su opinión siempre debe ser escuchada en forma extensa y muy bien explicada. Bueno….el inicio no fue de lo mejor, posterior a eso y tras algunos años conociéndonos como jefe y empleado,  llegamos a tener un grado de amistad  con Carlos que era algo mas allá del trabajo, sin ser grandes amigos, para entender, un pequeño ejemplo, el me “apañó” en el difícil transe de un divorcio, sin llegar a profundizar en los temas de mi dolorosa ruptura, algunas veces me invitó a su casa a comer un asado, tratamos de hacer algún deporte, pero claramente esta ultima opción no resultó. Así y a diferencia del comienzo, Carlo pasó a ser no solo un excelente jefe, sino que también una gran cercano y amigo. Quizás muchos entenderán que durante esos periodos los amigo empiezan a ser mas escasos, con lo cual yo empecé a querer mucho mas a este argentino un poco invasor y jefe.

Entrado el año 2003, hacia el mes de octubre, con Carlos viajando entre Brasil y Chilel, un día de oficina cualquiera, me comenta que estaba de cumpleaños Andrea y que haría una celebración en un lugar de comida mexicana en el sector alto de Santiago y más bien  quería que yo lo acompañara ya que habría una mayoría absoluta de mujeres y solo un par de amigos. Ante tan interesante propuesta, decidí participar, también a modo de despedida, ya que Carlos estaba siendo trasladado a Brasil y yo me cambiaba de trabajo.

Llegué a dicha celebración unos 15 minutos mas tarde, y me encontré con unas 20 personas aproximadamente, con lo cual y como es obvio, hice un rápido escaneo, inmediatamente  me di cuenta que había una mujer muy atractiva en la mesa, obviamente y saludé a Andrea en forma personal, ya que era la festejada,  al resto en forma general y Carlos inmediatamente me dice que me siete junto a el, que era la otra punta de la mesa y opuesta a lo que me interespó en ese instante, con lo cual ya no tuve oportunidad de conocer a la atractiva dama que tenía mi atención ocupada. Lamentablemente mi amigo Carlos no baila, con ello la conversación se hizo extensa y mis posibilidades de conocer  a esa mujer tan interesante se iban esfumando. Finalmente, en medio de que todas las mujeres se paraban y volvían a la mesa, me puse de pie con algún pretexto que  no recuerdo y pude hacer un acercamiento donde estaban ellas y logré sentarme a conversar tímidamente con ella. Lo que yo tenía en timidez, ella lo tenía en personalidad y al cabo de diez minutos me invita a bailar, donde obviamente nos declaramos nuestra situación marital, ella separada hace un año con 4 niños, y yo separado hace 3 años (tratando de salir de la depresión) y con 2 niños. A esta edad y cuando uno conoce a alguien, dicha declaración de “estado de situación” es una obligación. Terminando tan simpática celebración, llegó la hora de emprender la retirada y en forma muy gentil y educada me ofrecí llevar a esta hermosa mujer a su casa, situación que generó un cierta tensión, ya que estaba Carlos y Andrea y ellos trajeron en su auto a la susodicha, con lo cual ella tenía un cierto compromiso de regresar con ellos, en ese minuto Carlos en forma muy rápida y hábil lanzo una frase que aún suena en mis oídos y mirándola le dijo “up to You”, con ello quedó claro que la liberaban del compromiso y podíamos ir juntos. Desafortunadamente con mi  timidez como tercer acompañante y lo cortísimo del trayecto a su casa, no fui capaz de preguntar su teléfono, hasta el minuto en que ella se bajó del auto, tomó la puerta para cerrarla y yo el idiota aún no preguntaba nada, algo irracional hizo que en pocos milisegundos lanzara mi frase final y delatadora, “ Te puedo llamar?” y a continuación y sin dar respiro “Me das tu teléfono?” a lo que ella contestó  muy ágilmente, “el de mi casa es este, mi oficina este otro mi celular el de acá”, solo faltó el de su madre y hermana.

Para resumir la historia, finalmente terminamos saliendo, “pololeando” un tiempo y luego de dos años decidimos ir a vivir juntos, para ellos organizamos una ceremonia “no oficial” en nuestra casa en el Sur de Chile, para febrero del año 2006, donde Carlos como el gran auspiciador de todo esto tendría que asumir su cuota de responsabilidad, por lo que lo designamos a él como “oficial” de esta ceremonia, donde frente a nuestro familiares y amigos mas cercanos tendría que sellar esta unión  como una especie de matrimonio. Organizamos todo frente a un lago y un volcán y Carlos en una forma muy creativa preparó un pequeño libro, unas palabras que diría la novia y el novio, un cierre y finalmente  nos declaró “casados” con el Lago y el Volcán por testigos, fue algo genial y marcó el inicio de nuestra relación como pareja.

Esta anécdota, que para mi es la gran historia de mi vida, marcó a Carlos y Andrea como amigos muy queridos, comprometidos,  cálidos y respetados.

Gracias a ellos estamos juntos. Durante el 2012, finalmente hicimos una ceremonia legal, donde Carlos y Andrea también nos acompañaron y ya tenemos otra libreta de matrimonio,  pero para nosotros la mas valiosa fue la que hizo Carlos “Con el Lago y el Volcán por Testigos”.

Un abrazo para ti Carlos en tu medio siglo.

por Juan Eduardo Massri

Dejar un comentario