Praga – Viena – Budapest: Budapest (2004)

22 de septiembre – De Viena a Budapest en barco y primeras impresiones

El miércoles arrancó bien temprano, a las 6:30, para desayunar, hacer check-out y tomar un taxi al puerto. Ahí nos esperaba el Aliscafo, el barco rápido que iba a llevarnos por el Danubio hasta Budapest. A las 8 abrieron las ventanillas para comprar pasajes, pasamos control policial a las 8:30 y a las 9:06 zarpamos.

El viaje fue de unas 5 a 6 horas, recorriendo 280 km a 60 km/h. A media hora de salir, entramos en un canal angosto donde solo caben seis barcos y nos detuvieron media hora para nivelar el río cerrando las compuertas. Más tarde, hicimos una parada en Bratislava, capital de Eslovaquia, y a las 12:15 tuvimos otra esclusa de 20 metros de profundidad que también nos hizo parar media hora. Finalmente, llegamos a Budapest a las 15:40 con una hermosa vista del Parlamento.

Nos alojamos en el moderno Art Hotel, del lado de Buda (que está separado de Pest por el Danubio). Como siempre, el idioma no era fácil, pero salimos a buscar florines húngaros. Caminamos unas cinco cuadras hasta la estación de metro y bajamos dos estaciones para llegar a la peatonal Váci utca. Eran las 18:00 y la mayoría de las tiendas ya cerraban. La gente tampoco era mucha, se sentía el otoño con viento y temperaturas entre 12 y 15 grados.

Con hambre, nos refugiamos en el restaurante de fusión Cipriano. De entrada, un Gulasch Suppe; Ca pidió unas rebanadas de foie de oca estilo Provenza con vieiras y pan picante, y yo un filet mignon con totchni (parecido a papas rösti) y un letcho picante, una especie de ratatouille con tomate, pimientos y apio. De postre, un soufflé de chocolate negro con cerezas ácidas y helado de vainilla, como un petit gâteau húngaro.

Después, cruzamos el Puente de las Cadenas para volver al hotel. A las 22:30 apagamos las luces y nos fuimos a descansar.

Jueves 23 en Budapest – Un toque de historia y lujo

Desayunamos a las 8:30 con una linda variedad de panes, fiambres y ensalada de frutas. Afuera lloviznaba. A las 9 nos pasaba a buscar un taxi que nos llevaría hasta el hotel Intercontinental, desde donde salía una visita guiada al Parlamento y luego un City Tour por la ciudad.

El Parlamento fue construido bajo un consenso arquitectónico y se empezó a levantar hacia 1896 con la idea de que la realeza lo usara en todo su esplendor… aunque llegaron tarde. La visita se hace en grupos de no más de 50 personas y hay controles por todos lados. Todo el edificio se construyó con materiales nacionales. Usaron, por ejemplo, ocho columnas de granito sacadas de una sola piedra. También colocaron columnas de mármol, y cuando se les terminó el stock y no quisieron importar más, decidieron inventar un mármol sintético… que terminó saliendo más caro que haberlo importado.

Subiendo los 96 escalones de la escalera principal (el número 96 tiene un sentido cabalístico para los húngaros), se llega al salón central, cuya cúpula también está a 96 metros de altura. En el centro, protegida por una vitrina con alarma, se exhibe la corona de los reyes de Hungría. Alrededor, estatuas de los monarcas y personajes más relevantes del país.

Después pasamos a la sala de sesiones de la Cámara, que se usa solo una vez por semana. En otros tiempos, los legisladores podían entrar armados. De hecho, una vez, uno se enojó con lo que dijo el presidente de la Cámara, sacó su pistola y le disparó. Por mala puntería solo dio en el púlpito, y cuando la policía fue a detenerlo, se suicidó.

De ahí seguimos con el City Tour, recorriendo los puntos más destacados de la ciudad. La primera parada fue en el lado de Buda, que es más elevado. Caminamos por la parte antigua, junto al Palacio Real —que fue residencia de verano de la princesa Sissi— y la iglesia de San Matías. En 20 minutos vimos todo. El hotel Hilton, construido con un estilo moderno entre ruinas, ofrece una vista espectacular del Danubio y del lado de Pest.

Después fuimos a otro punto panorámico, cerca de la Citadella, una zona de museos y exposiciones. Ahí también se encuentra el Monumento a la Libertad, una figura femenina sosteniendo un laurel.

Cruzamos otra vez el Danubio para recorrer los parques, ver el estadio, pasar por la zona de embajadas y llegar al famoso Parque de los Héroes. Cerramos el paseo viendo la Ópera en el centro.

Terminada la excursión, Ca y yo tomamos el metro de vuelta al Parque de los Héroes para almorzar en el renombrado restaurante Gundel, con fama y premios por todos lados. Pedimos paté de hígado de ganso con tostadas francesas, una carne con dumplings y una especie de goulash con Nudely. De postre, un panqueque estilo Gundel, relleno con una pasta de nueces y bañado en salsa de chocolate.

Volvimos caminando hacia el centro, pasamos por la Basílica de San Esteban (estaba cerrada) y llegamos temprano al hotel porque seguía lloviznando. Cenamos allí: yo pedí una ensalada con lechuga, zucchini, berenjenas y pimientos salteados, y Ca unos fideos tricolores con champiñones picantes.

Viernes 24 de septiembre de 2004

Nos despertó una mucama a las 9 de la mañana entrando de golpe en la habitación… salió corriendo (nunca supimos por qué). Desayunamos tranquilos y empezamos a preparar las valijas para hacer el check-out. Queríamos aprovechar las últimas horas en Budapest con una caminata más.

Nos fuimos caminando un par de puentes más allá del famoso Puente de las Cadenas, hasta llegar a la zona donde antiguamente funcionaba la aduana. Justo al lado está el Mercado Municipal, ideal para compras de último momento: paprika, paté de ganso, cosas típicas. Ya se acercaba la hora del almuerzo, así que subimos al primer piso y comimos en el restaurante Fakanál: una sopa Gulaschsuppe y carne con papas cocidas.

De ahí volvimos caminando por la calle Váci, muy linda para pasear, hasta llegar al Café Gerbeaud, otro de esos cafés históricos que vale la pena conocer. Nos sentamos a tomar un café con torta y después seguimos camino hacia la Basílica de San Esteban.

Esteban fue el primer rey húngaro, coronado alrededor del año 1000. Luego fue canonizado y, como reliquia, su brazo derecho momificado se conserva dentro de la basílica. El interior es muy impactante, lleno de dorados y mármoles relucientes. Una despedida a la altura.

Así cerramos nuestra visita a Budapest. Tomamos un taxi rumbo al aeropuerto. Como habíamos cambiado el pasaje a último momento (de Praga a Budapest), hubo algo de confusión con el pago del nuevo tramo… nadie parecía tener idea de cómo resolverlo, pero al final todo salió bien. Volamos 1 hora y 40 minutos hasta Frankfurt. En el aeropuerto tuvimos que cambiar de terminal, y la salida final se demoró media hora.

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