Praga – Viena – Budapest: Viena (2004)

19 de septiembre – Llegada nocturna a Viena y algo rápido para picar

Llegamos a Viena cerca de las 22:30 h, a la estación Wien-Süd. Tomamos un taxi directo al Hotel Regina, justo frente al parque Sigmund Freud y al lado de la Votivkirche, una iglesia gótica imponente. Dejamos las valijas y salimos, aunque ya eran las 23:30 h y las opciones no abundaban. Por suerte, a dos cuadras estaba el Café Stein, donde yo pedí un sándwich tostado de salame y verduras, y Ca se animó con un plato oriental. Terminamos el día bastante tarde, cerca de la 1 de la mañana.

Lunes 20 de septiembre – Iglesias, imperios, museos y Sachertorte

Nos despertamos tipo 9:15 h. El hotel resultó ser de estilo bien clásico, con una fachada interesante. La habitación tenía una puerta doble, una de ellas forrada en cuero con tachuelas tipo medieval, pero más allá de eso, nada del otro mundo.

Después del desayuno salimos a caminar. Primera parada: la Iglesia de San Esteban. Gótica, imponente, con un púlpito tallado increíble que se sube por una pequeña escalera de piedra. Justo al lado, el típico quiosco de recuerdos.

Seguimos rumbo a la Ópera y aprovechamos para comprar entradas para ver un ballet el martes. En el camino sacamos una foto al monumento de la peste, y luego pasamos por el museo Albertina, donde están obras de Dürer, Rubens, Miguel Ángel y Da Vinci. Desde ahí llegamos al Palacio Imperial.

Antes de entrar a recorrerlo, hicimos una parada para almorzar en el Café HofburgApfelsaft y Wurstsalat, bien vienés. Después sí, visitamos las habitaciones reales, las colecciones de platería y porcelana, y toda la historia de Sissi, la emperatriz.

Cruzamos el Palacio, vimos la Biblioteca Nacional, la Escuela Española de Equitación y seguimos por los jardines hasta los museos. De ahí caminamos hacia el Hotel Sacher: no podíamos irnos sin probar la famosa Sachertorte.

Seguimos la caminata hasta la Iglesia de San Carlos Borromeo, al lado de Argentinierstraße. Hermosa por fuera, fue construida por promesa de Carlos VI en agradecimiento a San Carlos Borromeo por el fin de la peste. Justo enfrente está el Monumento a la Liberación, un regalo soviético en homenaje a los soldados del Ejército Rojo caídos en 1945.

Ya empezaba a oscurecer. Volvimos caminando por la peatonal, buscando un lugar para cenar. Ca tenía antojo de langosta, así que hicimos una parada gourmet. En el camino de regreso al hotel pasamos por el Parlamento y la Municipalidad, ambos bellamente iluminados. A dormir temprano, que el día había sido largo e intenso: 22:30 h ya en la cama.

21 de septiembre – Palacios, ballet y cena de gala

Después de dormir casi 9 horas, arrancamos el día con desayuno y nos fuimos en metro (con un pase de 5 euros por 24 horas, súper conveniente) hacia Schönbrunn, la residencia de verano de los Habsburgo. Recorrimos los 40 cuartos del palacio, subimos a la glorieta con una vista espectacular de Viena, paseamos por el jardín del príncipe heredero, exploramos el laberinto y hasta fuimos a la panadería del palacio para ver cómo preparaban un auténtico apfelstrudel.

De vuelta en la ciudad, bajamos en Karlplatz y caminamos por la peatonal Kärntner Straße hasta llegar al hotel para prepararnos para la gran noche: teníamos entradas para el ballet en la Ópera Estatal. La función arrancó a las 19:30 y terminó pasada la 22:30. Música de Beethoven, Mozart y valses de Strauss, con una coreografía y escenografía que nos encantó.

Para cerrar con broche de oro, cenamos en el elegante restaurante del Hotel Sacher. Pedimos un plato de carne con cebollas caramelizadas y papas, y un filete de pescado con tomates, alcachofas y gnocchi. La presentación impecable, la atención de primera, y como entrada nos sorprendieron con una cucharada doblada que llevaba jamón, queso y más. Al pedir la cuenta, trajeron unos platitos con dulces. Mientras cenábamos, un pianista tocaba “La última noche” y otros temas. Volvimos en tranvía y nos pusimos a preparar las valijas para Budapest. Eran las 00:30 cuando nos acostamos.

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