The Colombian Tour: Filandia y Cali (2023)

Es hora de visitar Colombia, y ahora que el centro de gravedad se está mudando a Cali, queríamos aprovechar a visitar el Santuario de Las Lajas, en Nariño, que parece ser una impresionante construcción de comienzos del siglo XX, localizada en un cañón al sur de Colombia, a 10 km del Ecuador. Tres semanas antes se cae un puente de la Panamericana, único acceso a Nariño, y empieza a haber problemas de falta de nafta y comida. Si bien los problemas se van resolviendo, la situación no parece tranquila, con lo que cambiamos el destino a Filandia. Así, nuestro recorrido será Filandia para el primer final de semana, Cali para trabajar lunes y martes, traslado a Barraquilla el miércoles, jueves en Barranquilla y viernes en Cartagena, visitando clientes, terminando el segundo final de semana en Getsemaní, Cartagena. ¡Allí vamos!

El jueves 2 de febrero voy a la oficina, día normal de trabajo, excepto que voy con la Outlander, y me vuelvo en taxi. Si todo sale bien, a la vuelta a Sampa pasaremos por la concesionaria a buscar el Q5. A las 9 PM Wilson nos pasa a buscar, rumbo a GRU. Vuelo por Avianca, salimos del terminal 2, que no tiene grandes instalaciones. Como sigo con el dolor en la cadera, mejor no caminar hasta el terminal 3 (con mejores restaurantes), asique nos quedamos en el Starbucks, un rato de trabajo, un rato de Netflix. Despegamos 1:40 AM rumbo a Bogotá, llegamos 5:40, después de un vuelo con el aire acondicionado muy frio y sin novedades. La conexión fue medio a las corridas, yo fui por la fila de necesidades especiales (la espalda me está molestando más), An fue por la fila común. Medio a las corridas, pero por suerte seguridad del vuelo nacional no tenía fila, con lo que alcanzamos a pasar por el Starbucks. Despegamos hacia Pereira, en donde aterrizamos a las 8:30 AM. Alquilamos un simpático Suzuki S-presso, auto chico 1.0, al mismo tiempo alto y cuadradón. Por sinuosas rutas que no permiten mucha velocidad vamos hacia Filandia. Al llegar al desvío de la ruta hacia nuestro hotel, resulta que justo están pavimentándolo, y llegamos justo cuando descargan materiales para la obra, asique nos comimos media hora en la ruta esperando la descarga. Y, después de 2 km de mezcla de calle en construcción y tierra, llegamos al Eco Hotel Monte Tierra, nuestra primera experiencia de glamping.

El hotel tiene unas cabañas simples, y 4 iglúes, en uno de los cuales nos hospedaremos. Llegamos 10:30, asique esperamos en la recepción a que el cuarto esté listo, aprovecho a hacer una hora de hotel office. Y ahí nos dan el cuarto.

Es un iglú de un diámetro de unos 6-7 m, con un gran ventanal de plástico (como 6 m de ancho), y 3-4 m de altura. Muy linda vista, elevado sobre el valle. Tenemos una muy linda terraza, con una red a unos 2 m de altura sobre el valle que empieza a bajar. Por afuera, y bajando por una escalera, se baja al baño, que es todo cerrado, pero al mismo tiempo con mucho agujero, por la construcción en piedras, por lo que es muy aireado. A unos 15 m tenemos un jacuzzi, que es parte de nuestro “cuarto”, al mismo tiempo público en el sentido en que es todo abierto, y privado, en el sentido en que no es local de tránsito. Y unos 5 m más abajo, por el valle, nuestro lugar para una fogata nocturna.

Va siendo hora de almorzar, salimos hacia Filandia, empezando por los dos kilómetros en construcción hasta la ruta, con los obreros trabajando, asique había que turnarse con las carretillas que iban por el camino llevando el cemento fresco. estacionamos cerca de La Remesa, el restaurante en el que almorzaremos, con muy linda vista sobre el valle y mas allá. Comimos bien, especialmente una muy buena ensalada. Salimos a caminar sobre el muy bien conservado y colorido casco histórico, muchos negocios chiquitos de artesanía, muchos restaurantes y bares. La plaza del centro es muy linda también. Entramos en algunos restaurantes a curiosear, y concluimos que en próxima visita habría que almorzar en José Fernando, una casona muy linda, con un patio central simpático. Con mi espalda, limitamos un poco la caminata, y con el sueño de dormir mal en el avión, es hora de ir a dormir una siesta.

Nos despertamos pasadas las 5, ya empieza a oscurecer, en parte por el sol que en un rato empieza a ponerse, pero también por las nubes oscuras. Un rato de fiaca, de Duolingo, y nos vamos a cenar. La recepción/restaurante es simple, con 3 mesas, el menú es simple, nos pedimos unas albóndigas y un açaí de postre. Mientras cenamos, nos calientan el jacuzzi, nos vamos un rato a relajar. Y después, a dormir. Pasamos la noche bien, apenas un poco de frio en algún momento, pero no justificaba prender el aire acondicionado para calefaccionar.

Pasadas las 6 ya estaba claro y nos fuimos despertando. Vimos un rato de Netflix, en estos días, Dogs of Berlin, en alemán con subtítulos en alemán, más difícil de seguir que otras series alemanas en que hicimos lo mismo. Nos traen el desayuno a nuestra terraza, con lo que desayunamos con la magnífica vista al valle, era un plato de frutas, y un açaí y un yogur preparados en estilo muy similar, con granola y frutas. Distinto de Brasil, el açaí es presentado como una crema de consistencia y temperatura similar a un yogurt, y no como un helado. Nos quedamos todavía un buen rato haciendo fiaca y leyendo en la terraza.

A eso de las 10 salimos hacia el valle de Cocorá, conocido por su paisaje y sus palmeras, es un viaje de una hora en auto. Llegando al valle hay muchos negocios ofreciendo paseos, seguimos de largo (bastante a paso de hombre, atrás de gente caminando o andando acaballo), hasta llegar a un estacionamiento a la izquierda, de los pocos de ese lado. Unos 50 m después está el Parque Natural del Bosque de Palmas, uno de esos muchos lugares de paseo, y el que vamos a hacer. Es un lindo recorrido, de unos 3 km, con dos miradores en lo alto, estuvo bien. Va siendo hora de almorzar, nos vamos a Salento, a unos 20 min en camino de vuelta a Filandia. Un pueblito colonial de alguna forma similar a Filandia, pero mas chico, con una linda plaza principal, y la calle hacia el cerro, el Camino Real, llena de artesanos y restaurantes. Terminamos decidiendo por almorzar en Villa de Nueva Salento, una especie de shopping artesanal con algunas mesas a la calle sobre la playa, al llegar habíamos pasado por ahí, y en uno de los localcitos nos habían ofrecido de probar arepas de maíz, que estaban muy ricas, y ofrecían un choriarepa, que parecía tentador.  Almorzamos en una de las mesas sobre la plaza, An se comió una arepa con queso que estaba buena, yo me comí un choriarepa, que no funciona tan bien como combinación, el chorizo mata mucho el gusto de la arepa de maíz. Mientras, una bandada de palomas hace curiosos círculos sobre la plaza, por bastante tiempo. Cruzamos la calle y paramos en Tentaciones Salentinas a comer un merengón, torta típica colombiana de merengue, crema y frutas. Caminamos de vuelta un rato por el Camino Real, y en una transversal, ya cerca del cerro, paramos en Quindianita, un local chiquito en el que el hijo de una familia productora de quesos vende su producción. Probamos un blue parecido al Cuesta Azul, me compré 70 gr para la tarde.

Y nos volvemos a Filandia. Siestita, lectura en la terraza hasta que oscurece, y cena en el restaurante del hotel. Llovió un rato, pero a la hora de ir a dormir se había despejado, la luna nos iluminaba, y An se entretuvo un rato usando el telescopio que hay en el iglú, para ver la nube.

El domingo amanece lindo, con sol. Desayunamos nuevamente en esta terraza, mientras la neblina matutina se va alzando. Después de un buen rato de fiaca, salimos por el sendero que pasa cerca del arroyo, para descubrir que es un circuito bien simple, de unos 700 m, que completa un circulo alrededor de los iglúes. En ánimo de pasar el rato, pedimos comida para animales y nos fuimos a alimentar a las ovejas, 2 chanchos, varias gallinas y una cabra que componen la granja del hotel.

Después salimos a almorzar a Filandia. Paseíto por la plaza principal, almuerzo rico en José Fernando, una ensalada OK, y una pata de chancho muy buena, en una casona antigua muy bien restaurada. Volvemos a la plaza central, comemos una oblea con arepa, un postre típico, que es como una galleta tipo oblea con DDL.

Nos tentó tomar un cafecito en los balconcitos de Jahn Café, que queda en una de las esquinas sobre la plaza, en un primer piso, y había una de las mesitas que quedan mirando hacia afuera en los balconcitos. Desde ahí se ve toda la gente paseando por la plaza, muy activa el final de semana.

Nos volvemos a nuestro iglú a dormir la siesta, y pasadas las 4 nos despierta una intensa lluvia, que por un rato llega a ser granizo con piedras de unos 3-5 mm. El ruido es tan intenso, que no solo no se puede dormir, ¡por momentos hablamos a los gritos! El granizo pasa rápido, la lluvia tarda. Hacemos fiaca en la cama, mirando la lluvia por el enorme ventanal. Al atardecer pedimos que nos calienten el jacuzzi, mientras se calienta vamos cerrando las valijas. Cuando está listo (demora 45 min), nos vamos un rato a hacer fiaca en el agua, y después a cenar.

Semana del 6 de febrero

Arriba a las 7am, desayuno y baño, y a partir de las 8:30 estoy trabajando, especialmente buscando un lugar estable en donde tener señal para una videoconferencia por el tema del Campus Itatiba. Mientras, An cierra todo. A las 10:30 termino la video conferencia, con todo listo salimos rumbo a Cali. Los primeros 50-60 km son de montaña, sinuosos, complicados para pasar un auto, bastante lentos. Después ya llegamos al valle de Cauca, con una autopista bastante aceptable. Al cabo de un poco mas de 3 horas, llegamos al aeropuerto de Cali, a devolver el auto. Muy buena experiencia con Localiza en la entrega y devolución del auto. En el contrato, como todos los que alquilan autos, son siempre medio vuelteros y poco claros.

En el aeropuerto nos esperaba Carlos Varela, que nos lleva al Intercontinental. Hacemos checkin, y yo me voy a mis reuniones.

A las 6PM nos juntamos unas 10 personas de la oficina mas An, vamos a caminar por el tradicional barrio de El Peñón, paseo por el Parque de los Gatos (ya estuve acá en el último viaje con Niko), y cena en el Mercadillo del Peñón, buena conversación, comida OK. ¡A dormir!

El martes me tocan varias visitas, mientras An hace turismo en la ciudad. Entre mis visitas, conozco el terreno que Endress compró en Cali, para las nuevas oficinas. Al final del día el tránsito en la ciudad es un caos, hay varias manifestaciones. Vamos a cenar en Storia D’amore, normalmente serían 15 min del hotel, hoy nos va a tomar alrededor de 75 min. El restaurante queda en el simpático barrio de Granada, en una calle con muchos restaurantes y que debe tener mucha vida nocturna los finales de semana. La decoración es bastante simpática, con muchos detalles, interesante ir. Participan de la cena Karen, Lina, Luis Gabriel, Jeisson y Varela, Andrea también viene.

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