The Colombian Tour: Barranquilla y Cartagena (2023)
El miércoles hacemos checkout, salimos al aeropuerto, rumbo a Barranquilla con escala en Bogotá. Los dos vuelos y la escala fueron tranquilos, excepto que al llegar a Barranquilla el piloto aborta el aterrizaje y arremetemos, sin mucha explicación. Igual, tranquilo, aterrizamos 5 min después. Hector nos pasa a buscar, 45 min después hacemos checkin en el Hampton, y An se queda ahí, mientras me voy a la oficina a trabajar. A la noche salimos a cenar con los colegas de la oficina, en Caimán del Rio, un complejo bastante nuevo sobre el rio, con varios restaurantes y actividades. Es época de carnaval, y en Barranquilla este es un tema serio. Locales, autos, las calles, tienen decoraciones con los personajes locales del carnaval, como el rey Momo y la negra Fulo. En la peatonal sobre el rio hay una docena de esculturas en homenaje al carnaval, bien simpáticas. La temperatura está agradable, hay lo que los locales llaman una “brisa”, que para nosotros es un viento bastante fuerte. Cenamos en uno de los restaurantes, todo muy simpático.
El jueves en la mañana hacemos checout y salimos rumbo a Cartagena. Después de un viaje de 90 min, dejamos a An en el Hampton de Bocagrande, y nosotros nos fuimos a visitar la refinería de Cartagena. A eso de las 5 estamos de vuelta, descansamos un rato. A la noche cenamos en Bocagrande con Hector, en la Olla Cartagenera. Comimos una cazuela de mariscos (estilo bastante distinto del español, mas cremoso) y una parrilla de mariscos, los dos just OK. Y un crocantino de postre es Crepes and Waffles.
Ya en viajes anteriores habíamos pensado en visitar Bocagrande, y no lo habíamos hecho. Tiene un estilo Miami mas desordenado, con mas locales de marca internacionales que en la Ciudad Amurallada (que son casi todas artesanías, y marcas locales), y restaurantes. Es muy difícil entrar y salir, por el congestionamiento (los trancones, dirían los locales). En resumen, no vale mucho la pena ir.
El viernes salgo a hacer más visitas, An se queda un rato mas en el Hampton, después hace checkout y se muda al Casa Lola, en donde pasaremos el fin de semana. Después de las visitas, almorzamos con Ledys y Hector en un restaurante bien simple cerca de la refinería, muy rica sopa de pescado, y pescado frito. Llego a Casa Lola a eso de las 3, y nos vamos un rato a la pileta. Oscureciendo, volvemos al cuarto, trabajo un buen rato, y nos vamos a Getsemaní downtown a cenar. Mucha gente en la calle, todo el barrio es muy pintoresco. Estamos una cuadra y media de la plaza de la Trinidad, que es de alguna forma el centro de la actividad nocturna, con gente bailando y haciendo shows. Vamos a cenar en Di Silvio, hay como media hora de espera, caminamos mientras por el barrio, y en perfecta sincronización al llegar de nuestra caminadita el mozo nos llama. Comemos un rico calzone, el local es, como muchos en esta zona, una casona vieja muy bien reformada.
El sábado desayunamos unas arepas en el hotel. Casa Lola está muy bien ubicado, el lugar luce muy bien, como muchos hoteles boutique en esta zona, la pileta en la terraza está OK, sirve para refrescarse. Como puntos negativos, el cuarto no tiene ventanas, y como está en la planta baja, tiende a tener ruido de la actividad de huéspedes, clientes del restaurante, y personal de servicio.
La mañana transcurre haciendo fiaca en la terraza, hasta las 2pm. Bajamos a almorzar, un rico pulpo a la parrilla. Siestita, al final de la tarde salimos a caminar por Getsemaní y por el centro, y para el atardecer llegamos a Mar y Zielo, An había hecho una reserva para el rooftop. Hablé con el barman para un trago, no entendió exactamente bien mis preferencias, su elección estuvo bien, pero con un toque amargo que no fue tan bueno. Cenamos unos excelentes bolinhos de jaiva, y una burrata muy bien combinada con varios vegetales.
De postre fuimos a Tramonti, una heladería a la vuelta. Curioso, solo acepta efectivo. Mas curioso, un helado de limón negro! El chocolate amargo es muy rico, habrá que volver.
Y pasamos por Evok, parece ser la única chocolatería que sobrevivió a la pandemia. A mi gusto, muchas opciones de chocolate con muchas cosas, innecesario. Compramos una barra de 70%, que probaremos más tarde.
El domingo repetimos la rutina de desayuno y terraza con pileta. En la pileta usamos la terraza superior, que tiene una mesa cómoda para almorzar, y celebramos el último almuerzo con una langosta. Siestita, y a la tarde salimos a caminar al Centro, en la Ciudad Amurallada. Después de pasear un rato, nos vamos a Evok a comprar chocolates de regalo y alguno para el viaje, después pasamos por Tramonti para un rico helado (no tiene subsidiaria en Getsemaní), paseamos un rato más, y volvemos a Getsemaní. Cenamos en KokoaSushiWok, según las críticas, el mejor sushi de Cartagena, que fue bastante decepcionante. La conclusión debe ser que no hay que comer sushi en Cartagena. Último paseo por las calles aun muy animadas, pero menos que ayer. Estuvo muy bien parar en Getsemaní, una muy buena alternativa a Centro.
El lunes arranco el día trabajando un poco. Buen desayuno de despedida, con frutas y arepa con huevo por tercera vez, muy rica. Vamos a la pileta, con notebook para mantener la máquina rodando. Bajamos a eso de las 11, baño, cerrar valijas, y empieza la vuelta. Uber al aeropuerto, todo tranqui. Avión viejito de Latam, está en la hora de cambiarlos. En Bogotá el aeropuerto está bastante vacío, por lo que migraciones y rayos fue fácil. Vamos al VIP de Latam, trabajo un rato, buena oferta gastronómica. Van llegando fotos de como luce la oficina, mañana inauguro el 6to piso, ¡y parece que está muy lindo!
Trabajo un par de horas en el VIP de Latam, caminamos por los lcoales del aeropuerto ilusionando vendedores, y embarcamos para Sampa, un avión mas moderno y con algo de comida, o sea, mejor que el vuelo desde Cartagena. Al llegar, arremetemos otra vez, rara vez me habia pasado de arremeter, !y ahora me pasa 2 veces en el mismo viaje! Nada grave, parece que hay un porbelma en el tren de atrerrizaje que le impide girar la rueda, al final aterrizamos sin incdentes, como con una hora de atraso.
Wilson nos lleva, me dejan en la oficina, en un rato tengo la inauguración, An va para casa. Y a la tarde nos vamos a buscar el Audi.