Visitando Cali, y, por primera vez, Villavicencio (2025)
Momento de mi segunda visita anual a Colombia, y esta vez comienzo por Villavicencio, principal ciudad de los Llanos Orientales, una zona de agricultura y petróleo.
Salgo el lunes 18 de agosto 4:00 AM de casa, todo normal, salvando el horrible embarque de LATAM, muy confuso. Después de 6 horas de vuelo, llego a Bogotá, me encuentro con dos colegas Endress, y seguimos a Villavicencio. Es mi más corto vuelo, 86 km y 32 min, producto de la compleja geografía colombiana, Villavicencio y Bogotá quedan en lados distintos de una de las 3 cordilleras en las que se divide la cordillera de Los Andes. Avión ATR a hélice, hace tiempo que no volaba en un avión a hélice.
Día largo, llego al hotel Estelar unas 15 horas después de haber salido de casa… Igual, el día no acabó, tenemos happy hour con un cliente, y después todavía me voy al gym para hacer 10 k.
El martes salimos a las 5:30 AM rumbo a una planta de biodiésel, son unos 90 min de auto, por autopista, después por ruta rural, y después por camino de tierra consolidado. Visita muy interesante, producen aceite de palma, y con la mayoría producen biodiésel. Volviendo a Villavicencio, no hubo tiempo de almorzar, directo a nuevas vistas. Así, famélicos, llegamos a las 6PM a almorzar tarde o cenar temprano al restaurante Bastimento en el shopping Primavera. El shopping es bastante moderno, con un acuario no tan grande, pero aun así, bastante impresionante. Almorcé/Cené una mamona llanera, que es una carne cocinada en forma muy lenta. Está era una versión fusión, estaba bien. Y de postre, un crocantino en el Crepes and Waffles del mismo shopping. Vuelta al hotel a ordenar la valijita y a dormir temprano.
El miércoles salimos de hotel a las 6AM a tomar el vuelo con rumbo a Bogotá y conexión a Cali. El tramo Villavicencio – Bogotá es en un ATR igual que a la ida, turbohélice. Llegada a tiempo para almorzar en Cali con el management team, en El Viejo Molino, un restaurante de campo en donde comimos sancocho, una sopa típica de los países del virreinato de Nueva Granada, del que Colombia hizo parte, y que es un poco distinta en cada país, dependiendo de los ingredientes locales utilizados. En este caso, yuca, papa, y otras cosas, acompañado de pollo asado, que uno despieza y pone en la sopa.
De ahí visitamos el nuevo edificio, que comienza a tomar forma, varios del equipo lo veían por primera vez, todos muy contentos. Seguimos al Intercontinental, en donde hago alguna reunión. Cerrando el día voy a la cinta trotadora, pero el cansancio me fue pegando, corrí solo 4 k. Y también, preparándome, me di cuenta que había perdido la correa de correr del Apple Watch. Un heladito de cena en el cuarto mientras miro e-mails, compro una correa nueva por Mercado Livre (Brasil) para que llegue a casa antes del fin de semana, y a dormir.
El jueves me levanto 6am, con una videoconferencia. Después empezamos con visitas a una planta de tratamiento de agua de 1958, interesante ver las pinturas en las paredes, Hernando Tejada y Lucy Tejada. Hernando es conocido por ser el autor del Gato del Rio, escultura de un gato al margen del rio Cali, y que después resultó en un paseo con mas de 15 “novias del gato”, esculturas de gatas de distintos estilos, uno de los puntos turísticos de Cali. También era interesante ver sistemas de control y paneles de 1958, combinados con pantallas nuevas e instrumentos modernos. Seguimos con una reunión en “el chalet”, la sala de reuniones de la misma empresa pero en otro local, en medio de un bosque. Mientras hacia mi presentación, se veían colibrís por la ventana.
Vuelta a la oficina, hago una presentación, y voy a almorzar con un grupo de jóvenes colegas en una parrilla cercana. Esos almuerzos con jóvenes son siempre muy interesantes, en este caso los temas discurrieron entre carrera profesional y carrera de correr. Y la tarde sigue con presentaciones.
Al final del día, vuelta al hotel, 15 min de descanso, y caminamos hasta Lakasia, un restaurante coreano a menos de 10 cuadras, comimos BBQ coreano, que estuvo bueno, aun con el consabido ahumado con el que siempre se sale en los BBQ coreanos, y que el sistema extractor no consigue evitar. Mientras cenamos, la moza nos avisa que hubo un atentado en el batallón aéreo, que por eso él gobierno decretó toque de queda y el restaurante cerrará a las 9. Igual, habíamos arrancado en horario bien centro europeo, así que no fue grave.
Vuelta al hotel, a cerrar la valijita, darme una ducha para sacarme el olor a humo, y a dormir.
El viernes arranco 5AM, empiezo llamando a la recepción para saber si había problemas por el ataque terrorista, pero todo parece normal. Yo estaba listo temprano, el taxi estaba listo temprano, salimos temprano. Y fue bueno, porque después de pasear por seguridad veo que hay un vuelo de LATAM a Bogotá que estaba embarcando. Termina el embarque y consigo que me adelanten mi vuelo, incluso con el mismo asiento 1C. Subo, había bastante lugar, pude guardar mi valijita y mochila súper fácil. Buen contraste con la salida de São Paulo al comienzo de la semana!
El vuelo fue tranquilo, migraciones en El Dorado tan malo como siempre. La espera de cerca de 4 horas se va en algunas llamadas, una pasada rápida por el VIP leyendo algunos e-mails, y buscar un regalo de cumple para An, que por tercera vez será en este aeropuerto. Hace unos años fue una mochila de Desigual, después una cartera de Carolina Herrera, y esta vez, una cartera de Tory Burch.
Pese a ser por finger, el embarque consigue ser caótico de vuelta. Vuelo tranqui, las 6 horas se sienten tan largas o cortas como 6 horas, pero como resumen, me parece que esta opción de ida y vuelta en vuelo diurno es más tranquila, en parte porque, con internet ya estándar, gratuita y con browsing (antes era solo mensajes de whatsapp), en ambos casos aterricé con e-mails y demás mensajes al día.
Me espera Wilson, que me lleva a casa.
El sábado a eso de las 10 ya salimos a llevar a An a GRU, ella sale a Chile. Pero esa es otra historia.