Desde hace 20 años hay una intensa campaña en favor de la ecología, y declararse ecologista es casi materia obligada. Lógicamente, este proceso está llevando a barbaridades en las que se llega a posiciones extremistas frecuentemente insostenibles, pero que son “políticamente correctas”. Pero la situación llegó al colmo cuando en una cena de ASFM en Alemania (en 2007 ó 2008) Gustavo de Venezuela lanza “las canchas de golf no son ecológicas, por requerir mucha agua para el riego”. Y ahí comienza esta nota.
Claro que las canchas de golf requieren riego, seguramente mucho más que si las reemplazamos con casas o edificios, y probablemente más que si las reemplazamos con parques públicos. Sin olvidar que los dueños de las canchas de golf están privilegiando céspedes que requieran menos riego. ¡Al final, es más barato!
Pero ese no es el punto en discusión. El punto es el continuo terrorismo del mundo que se va acabar. Nuestra sociedad consume recursos, y desde el maltusianismo (y probablemente antes) se nos advierte que el mundo va acabar, pero cada amenaza es dejada atrás con el desarrollo de nuevas tecnologías. Al final, gracias a la agroquímica y la genética hace ya algunos años el mundo produce más alimentos de los que necesita consumir para una dieta saludable, con lo que el problema del hambre no es de producción, es de distribución (chau Thomas Malthus). Y la mayoría se olvidó del agujero de ozono, la amenaza de los `80, resuelta al sustituir el freón con otros gases.
Pero, si vamos a ir a los extremos, aparte de inhibir las canchas de golf por anti ecológicas, aquí van algunas propuestas más para ser “políticamente correcto” y anti-ecológico:
- Use bolsitas de papel, y no de plástico: OK, esta ya es un poco vieja, y la respuesta correcta ya es conocida: use plástico. Pero por varios años usar bolsitas de plástico era mal visto, y en varias ciudades del mundo las bolsas de plástico de los supermercados fueron prohibidas. Un estudio de Franklin Associated demostró que sin reciclaje usar bolsitas de papel causaba 3 veces más emisiones que las de plástico, y que reciclando el 100% seguía siendo casi el doble de emisiones. No va a faltar el conspiracionista que diga que ese estudio fue pago por la American Chemistry. No le den bola, seguro que Botnia de Uruguay lo compró para vender papel para las bolsitas de papel.
- Reutilice las toallas de los hoteles. Este punto es interesante: como en el 2050 tres mil millones de personas no tendrán acceso a agua potable (según consta en los carteles presentes en los baños de muchos hoteles), debemos utilizar más de una vez la toalla en los hoteles. Quizás sea mi escasa inteligencia, pero no me queda claro como el agua que el hotel se ahorra hoy le llegará al africano sin agua en 50 años. ¿El hotel la va a guardar? Y yendo al caso, hoy más de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable, asique si se la están guardando para el africano del 2050, mejor sería dársela al que hoy le falta agua. Por mi parte, en los hoteles seguiré usando tantas toallas como tenga ganas, y en casa las seguiré lavando semanalmente, porque es más barato. Y mientras discutimos este punto, las empresas de agua (estatales o privadas) pierden más del 20% del agua que producen sin que a nadie se le mueva una pestaña, con lo que de vuelta el problema no es de producción, es de distribución.
- Hagamos mas conferencias, shows y eventos por el medio ambiente, especialmente con la participación de estrellas de rock. Claro, las estrellas de rock no van a viajar con el pueblo en aviones de línea aérea, usaran sus aviones particulares, generando decenas de veces más emisiones. Y varios de los participantes del evento viajarán en aviones de línea aérea, pero en clase ejecutiva; ¡al final el viaje es tan largo! Y así habrán emitido 4 veces más gases que en turista (y si duda de ese número piense en cuantos pasajeros de turista consiguen enchufar en el espacio de un asiento clase ejecutiva). Hasta Al Gore cae en esa, en su Inconvenient True, en donde aparece preocupado por el calentamiento global, viajando en ejecutiva.
Tal vez el caso más bizarro que recuerdo fue durante la emisión del Live Earth, show pro ecología realizado en secuencia en varias partes del mundo durante un día, y transmitido en vivo por la televisión. En la televisión argentina lo transmitían también, con la típica presencia en estudios de alguna estrella local. Estaban en los anuncios, incluyendo el anuncio de Philips de sus lámparas de bajo consumo (duran más, consumen menos, son más caras, las tengo en casi toda la casa). Al volver de los anuncios la estrella local de rock no se apioló, y largo un deplorable “¡yo ni en pedo cambio todas las lámparas de casa por esas!»
- ¡Paren el consumo de cerveza! OK, aquí ya entramos en puntos casi factoides. Y digo casi porque los inventé yo y no tienen demostración, pero hacen sentido. El problema con la cerveza son las burbujas: son de dióxido de carbono, uno de los gases del efecto invernadero. Sin duda, millones de toneladas de dióxido de carbono son liberadas al aire por el proceso de fermentación de la cerveza, sea en la producción, en el consumo, o en uno de los subproductos en los que el dióxido de carbono es usado, las gaseosas. Por eso, si el lector es políticamente correcto, pare de beber cualquier bebida con burbujas: cerveza, gaseosas, agua con gas, sidra, champagne.
- ¡No a los porotos! Parte tradicional de la comida brasileña y mexicana (y quien sabe de cuantas más), los porotos tienen un efecto colateral desagradable al final del proceso digestivo: producen metano. Y el metano es 20 veces peor que el dióxido de carbono para el efecto invernadero. ¡Chau feijoada y tacos mejicanos!
- Pague más. Y esta no es una postura políticamente correcta y anti ecológica; es la realidad: ser ecológico cuesta dinero. La mayoría solo abraza la ecología cuando es más barata (apaguemos la luz de la cocina cuando no estamos ahí). ¿Pero cuántos cambiaron la heladera porque las nuevas heladeras consumen menos? ¿Preocupado por las canchas de golf y las papeleras en Uruguay, pero la heladera tiene 20 años? ¿Será que en vez de ser ecológico, en realidad somos económicos, pero es políticamente correcto decir que nuestras acciones son guiadas por la ecología y no por la economía?
Hoy paro por aquí, pero ya se me van a ocurrir otros factoides. Mientras, seguiré en la contradicción de gustar de las bebidas gaseosas, la feijoada, los autos con aceptable potencia, la clase ejecutiva de los aviones (¿llegaré a primera clase?) y el golf, al mismo tiempo que las bombitas de mi casa seguirán siendo de bajo consumo. ¡Pero eso no porque sea ecológico, sino porque es más barato!